Los centros de datos llegan a Latinoamérica en un momento ideal: la región está implementando soluciones energéticas renovables e híbridas que eliminan la intermitencia, integran almacenamiento y tecnologías avanzadas, y crean la capacidad para albergar infraestructura digital de alta complejidad desde el primer día

Latinoamérica está experimentando un incremento sustancial en la inversión en infraestructura digital, impulsado por la proximidad estratégica de la región con Estados Unidos, la rápida adopción de servicios en la nube por parte de las empresas y la implementación de marcos regulatorios de soberanía de datos.

A medida que los nuevos proyectos avanzan de la planificación a la construcción, la energía se ha convertido en el principal factor limitante y diferenciador. La disponibilidad, confiabilidad y costo de la electricidad condicionan en la actualidad prácticamente todas las decisiones de diseño, y el abastecimiento energético ha pasado de ser un proceso de compras a convertirse en una decisión estratégica que determina dónde y cómo se construyen las instalaciones.

Las proyecciones ilustran la magnitud del desafío. Chile anticipa que la demanda eléctrica de los centros de datos alcanzará 1.360 MW para 2032, en comparación con 325 MW este año, mientras que Brasil proyecta un aumento de quince veces la demanda actual, al pasar de aproximadamente 826 MW a más de 13 GW para 2035.

Lo que distingue esta ola de crecimiento es que parte prácticamente de cero. Mientras que los operadores de Norteamérica y Europa modernizan los sitios que tenían arquitectura tecnológica de generaciones anteriores con sistemas de última generación, Latinoamérica ofrece la posibilidad de comenzar desde cero, aplicando las lecciones aprendidas en otros mercados para generar ventaja competitiva desde el primer día.

Pero este crecimiento no se explica solo por la demanda. En Latinoamérica, la verdadera diferencia se está definiendo en cómo se planifican la energía, la ubicación, los contratos y la infraestructura desde el inicio. Entender por qué algunos mercados avanzan más rápido que otros —y cómo la energía limpia, el almacenamiento y el diseño contractual están redefiniendo el desarrollo de centros de datos— es clave para saber quiénes liderarán la próxima fase del crecimiento digital en la región.

Entendiendo los mercados divergentes

La expansión de centros de datos en Latinoamérica se desarrolla a escala regional, pero su ejecución es fundamentalmente nacional. Cada mercado combina distintas fortalezas de infraestructura y realidades regulatorias que determinan no solo dónde puede construirse nueva capacidad, sino también con qué nivel de confiabilidad puede abastecerse de energía.

Brasil se está consolidando como el hub regional de centros de datos, respaldado por el lanzamiento del nuevo régimen fiscal Redata, que ofrece exenciones para importaciones vinculadas a TI y gastos de capital. 

Sin embargo, el sistema energético del país continúa siendo el cuello de botella crítico. La integración a la red enfrenta presión considerable: el operador del sistema en Brasil ha recibido solicitudes por muchos gigavatios de nuevas conexiones de alta carga, muy por encima del ritmo de refuerzo de la transmisión. 

El progreso depende de desarrolladores con experiencia y conocimiento regional para gestionar la congestión en transmisión, la complejidad regulatoria y el entramado normativo multinivel de Brasil; capacidades que en Atlas Renewable Energy hemos aplicado exitosamente en proyectos de gran escala en todo el país.

Chile presenta un entorno contrastante. Su mercado eléctrico liberalizado, junto con un marco regulatorio estable y predecible, consolidó a Santiago como un destino natural para operadores internacionales de servicios en la nube. Ese mismo éxito, sin embargo, ha generado un nivel de saturación que hoy introduce nuevos cuellos de botella.

Las principales restricciones ya no están en el acceso al mercado, sino en factores físicos y operativos: la escasez de suelo disponible cerca de la capital, las fuertes regulaciones sobre el uso de agua para refrigeración y las extensas listas de espera para nuevas conexiones a la red. Frente a este escenario, los operadores están desplazando su foco hacia corredores de transmisión que ofrecen acceso a alta tensión y proximidad a proyectos renovables en el norte del país.

La Ley de Transición Energética refuerza esta evolución al priorizar la expansión de la red y la integración de almacenamiento, facilitando que la energía de baja huella de carbono fluya con mayor confiabilidad hacia los principales centros de demanda en la zona central.

En este contexto, la lección es clara: la estrategia energética debe integrarse a la planificación de emplazamientos desde el inicio. Ubicación, permisos, acceso a la red y resiliencia operativa ya no son variables independientes, sino partes de una misma ecuación de diseño.

El imperativo de la energía limpia 

A nivel global, los centros de datos se están expandiendo a un ritmo superior al de la descarbonización de las redes. Incluso en mercados maduros como Estados Unidos, donde los operadores han firmado contratos significativos de energía renovable, la mayoría de las instalaciones continúan obteniendo una proporción considerable de su electricidad generada con fuentes fósiles.

El obstáculo es la intermitencia: la producción solar y eólica fluctúan, mientras que la naturaleza ininterrumpida de los servicios digitales deja poco margen para la variabilidad. Cualquier interrupción o pérdida de suministro puede generar consecuencias significativas, incluidas pérdida de datos, interrupciones del servicio, pérdidas financieras y daños reputacionales.

En este contexto, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS, por sus siglas en inglés) representan la solución, y Latinoamérica parte de una posición privilegiada. Nuestro proyecto BESS del Desierto —el mayor sistema de baterías independiente de la región— permite almacenar la energía solar excedente generada durante el día y redistribuirla durante las horas de mayor demanda, incrementando la estabilidad del sistema eléctrico, eliminando la variable de la intermitencia y reduciendo el desperdicio de energía por fenómenos como el ‘vertimiento o curtailment’.

La expansión de centros de datos en Latinoamérica aún se encuentra en una fase en la que la generación y el almacenamiento in situ pueden integrarse desde el diseño inicial, en lugar de incorporarse posteriormente como bien lo hacemos con proyectos en construcción como Estepa Solar o Copiapó. Esto crea la oportunidad de asegurar un suministro de energía limpia continuo a través de estas soluciones híbridas que ponen a las tecnologías de almacenamiento como complemento de la generación, algo que todavía es inusual en los mercados más maduros que aún no cuentan con estas soluciones.

Estructurar PPA para la resiliencia 

Asegurar este suministro renovable continuo es tanto una tarea contractual como técnica. La estructura de un contrato de compra de energía (PPA, por sus siglas en inglés) determina si la estrategia energética de un operador funciona en la práctica: si la electricidad limpia se entrega cuando se necesita, a un precio estable y de manera que satisfaga las expectativas de clientes y reguladores.

En Latinoamérica, el diseño contractual se ha convertido en ventaja competitiva. Los contratos de compra de energía (PPA) más efectivos incorporan actualmente almacenamiento, ajustan la entrega al perfil real de carga de un centro de datos y vinculan la estructura de precios a las necesidades operativas de largo plazo, en lugar de relacionarlas con las fluctuaciones de mercado a corto plazo.

En Atlas Renewable Energy hemos desarrollado estos modelos tanto en Brasil como en Chile. Estos detalles convierten la ambición renovable en un desempeño garantizado contractualmente: el tipo de garantías que los clientes corporativos de los centros de datos esperan ver explícitas en los acuerdos.

En Chile, hemos estructurado PPAs que combinan generación solar con almacenamiento, como el acuerdo 24/7 a 15 años por 375 GWh anuales firmado con Codelco, orientado a abastecer operaciones de la industria minera. Si bien este contrato no corresponde al sector de data centers, establece un precedente relevante sobre la viabilidad comercial de esquemas de suministro renovable continuo en el país.

En paralelo, hemos cerrado contratos con ODATA —empresa de Aligned Data Centers— para abastecer sus operaciones en el área de Santiago con energía 100% renovable certificable mediante I-REC y proveniente de fuentes diversificadas. En conjunto, estas experiencias demuestran que es posible diseñar soluciones energéticas adaptadas tanto a cargas industriales como a infraestructura digital crítica, integrando renovables, flexibilidad y contratos de largo plazo en la región.

En Brasil, nuestro portafolio Draco, compuesto por once plantas solares financiadas por el BNDES, fue concebido considerando la infraestructura digital, combinando la generación con el acceso de transmisión al Sistema Interconectado Nacional (SIN). Más de la mitad de los 1.150 GWh de capacidad de la instalación abastecerán los parques actuales y futuros de centros de datos del proveedor de telecomunicaciones y almacenamiento de datos V.tal, con sede en São Paulo.

El mercado abierto de Brasil también permite estructuras de autoproducción, en las que el comprador adquiere una participación accionaria en el activo de generación. En Atlas utilizamos este modelo para ayudar a los clientes a reducir sus costos de electricidad —en algunos casos, hasta en un 40 %— al tiempo que aseguran precios predecibles durante toda la vida útil de la instalación.

A su vez, acuerdos de largo plazo, como nuestro contrato de 20 años con el productor de aluminio Albras, distribuyen los costos de capital sobre una base energética más amplia y pueden ofrecer a los operadores de hiperescala y colocation un modelo de gasto operativo estable. Otra ventaja es la capacidad de escalar el suministro en línea con la demanda. Los grandes campus típicamente entran en operación por fases, y el diseño de nuestro portafolio permite a los operadores incrementar los volúmenes contratados a medida que crece su carga de TI.

Diseñar para la eficiencia 

Una vez que la energía renovable es estable y está disponible cuando se necesita, los operadores pueden concentrarse en lo que ocurre dentro de la instalación.

En Latinoamérica, el diseño de los centros de datos está cada vez más determinado por condiciones locales concretas. La escasez de agua en la zona central de Chile y en ciertas regiones de Brasil está acelerando la adopción de sistemas de refrigeración de circuito cerrado e híbridos, reduciendo la dependencia de las redes municipales.

Al mismo tiempo, la congestión de la transmisión en los grandes centros urbanos limita la redundancia basada en la red. Esto obliga a construir la resiliencia dentro del propio sitio, donde el almacenamiento en baterías, las cargas gestionables y las microrredes dejan de ser complementos para convertirse en elementos indispensables desde el diseño. En este escenario, la eficiencia energética y el monitoreo continuo pasan a ser capacidades operativas críticas en el largo plazo.

Las herramientas para lograrlo ya están implementadas. Las plataformas modernas de gestión de infraestructura de centros de datos y las redes densas de sensores permiten a los operadores visualizar en tiempo real cómo se comportan la temperatura, la energía y la carga en todo el emplazamiento. Los controles automatizados responden más rápidamente que las personas, detectando problemas antes de que comprometan la disponibilidad. Las cargas de cómputo no críticas, como el entrenamiento de modelos de IA, pueden programarse durante los momentos en que la generación renovable es más abundante, reduciendo tanto el costo como la huella de carbono.

Los resultados son tangibles. Las nuevas instalaciones en la región ya están alcanzando índices de efectividad en el uso de la energía (PUE) inferiores a 1,3, frente a un promedio global cercano a 1,5. A lo largo de la vida útil de un centro de datos, esa diferencia se traduce en costos operativos significativamente menores y en una huella energética considerablemente más limpia.

De la planificación a la operación: la infraestructura digital de Latinoamérica

En la expansión de los centros de datos en Latinoamérica, la energía no es una novedad ni un factor accesorio: siempre ha sido un requisito crítico. Lo que ha cambiado es su rol. Hoy, la disponibilidad, confiabilidad y estructura de la energía definen desde el inicio el diseño del proyecto, su viabilidad económica y su capacidad de escalar en el tiempo.

Más que un insumo operativo, la electricidad se ha convertido en una decisión estructural que condiciona dónde se construye, cómo se conecta, qué tan resiliente es la operación y qué tan competitivo puede ser el modelo de largo plazo.

Ejecutar correctamente desde el principio implica construir centros de datos que operen con mayor eficiencia, cuesten menos y cumplan los estándares de sostenibilidad que actualmente exigen los clientes corporativos, precisamente porque esos resultados se incorporaron al diseño desde el inicio.

Lograrlo requiere alianzas de largo plazo con desarrolladores que aporten capacidades integradas: portafolios de generación regional capaces de suministrar energía limpia donde se necesita, soluciones de almacenamiento diseñadas para los perfiles de carga de los centros de datos y estructuras contractuales que protejan a los operadores en lugar de transferirles el riesgo.

Los operadores de centros de datos que integren este enfoque estratégico pueden posicionarse por delante de sus competidores, incluso antes de instalar el primer rack.


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Este artículo fue creado en colaboración con Castleberry Media. En Castleberry Media, estamos dedicados a la sostenibilidad ambiental. Al comprar certificados de carbono para la plantación de árboles, combatimos activamente la deforestación y compensamos nuestras emisiones de CO₂ tres veces más.

Ante los costos de energía volátiles y las tensiones geopolíticas globales, las empresas siderúrgicas en Latinoamérica encuentran oportunidades en los PPA renovables para ganar competitividad y estabilidad.

La energía es un insumo crítico para la industria metalúrgica, especialmente en Latinoamérica, donde el sector enfrenta el doble desafío de operar en un contexto global volátil y avanzar hacia una matriz energética más competitiva y limpia. Frente a este panorama, las energías renovables, especialmente mediante contratos de compraventa de energía (PPA) combinados con soluciones de almacenamiento, emergen como una solución estratégica para reducir costos, blindarse ante la volatilidad y ganar posicionamiento internacional.

La siderurgia consume cerca del 8 % de la energía global y representa aproximadamente el 7 % de las emisiones de CO₂, lo que la convierte en una de las industrias más electrointensivas y con mayor presión por optimizar su matriz energética. En Latinoamérica, la industria del acero tiene una relevancia productiva significativa. Brasil lidera con el 61 % de la producción de acero crudo, seguido por México (hasta alcanzar entre ambos el 85 % del total regional) y Argentina con un 8 %.

Este perfil energético intensivo se explica, en gran parte, por la dependencia de hornos de arco eléctrico (EAF), que requieren entre 400 y 500 kWh por tonelada de acero producida. En un escenario de tarifas elevadas o alta volatilidad, este consumo impacta directamente en los márgenes operativos de las plantas. Un ejemplo reciente: a inicios de 2025, el precio de la electricidad en Brasil se disparó de 90 a 350 reales/MWh en pocas semanas, debido a medidas preventivas ante riesgo hídrico. En crisis anteriores, como las sequías, los precios llegaron a superar los 1.000 reales/MWh.

La región, además, combina precios estructuralmente altos con frecuentes oscilaciones. En 2023, la tarifa promedio para clientes industriales fue de 165,8 USD/MWh en Brasil y 151,6 USD/MWh en México, valores considerablemente superiores a los de mercados industriales desarrollados. La sensibilidad de costos es clara: un aumento de solo 10 USD/MWh puede significar entre 4 y 5 USD adicionales por tonelada producida. Para una planta que produce 1 millón de toneladas al año, eso equivale a hasta 5 millones de dólares anuales extra en costos energéticos.

Las energías renovables como aliadas de las empresas metalúrgicas ante un panorama complejo

Para los productores de acero en Latinoamérica, el acceso a energía confiable y competitiva en costos se ha vuelto un factor cada vez más determinante para mejorar márgenes, tomar decisiones de inversión y sostener la operación diaria. En ese escenario, la región cuenta con una ventaja concreta: la alta disponibilidad de recursos solares y eólicos la posiciona como una de las regiones más costo-eficientes del mundo en generación renovable.

En 2024, el costo nivelado de la energía (LCOE) para renovables en Latinoamérica disminuyó alrededor de un 8 %, impulsado por menores costos de capital y cadenas de suministro más eficientes. En mercados como Brasil, Chile y México, la energía solar fotovoltaica con seguimiento a un eje ya se sitúa en el rango de los precios de las subastas federales brasileñas de 2022, que alcanzaron en promedio 32,2 USD/MWh para solar y 33,1 USD/MWh para eólica. A modo ilustrativo, firmar un PPA renovable en el rango de 35–60 USD/MWh, frente a precios de electricidad en el orden de 150–160 USD/MWh, puede representar ahorros anuales de aproximadamente 40 millones de dólares para una planta que consuma 400 GWh, además de protegerse de shocks tarifarios, regulatorios o climáticos.

Este diferencial reconfigura la ecuación financiera del acero en la región. Las renovables ya no son solo una alternativa sostenible, sino un instrumento de control de costos y de blindaje ante la volatilidad energética.

Al mismo tiempo, la dinámica del comercio global agrega un nivel adicional de incertidumbre. Según datos de ALACERO, las importaciones de acero terminado y semiterminado desde China hacia América Latina alcanzaron alrededor de 14 millones de toneladas en 2024, más de tres veces el volumen registrado en 2010, mientras el consumo regional de acero cayó alrededor de un 1 %, hasta unos 67,4 millones de toneladas. Con instrumentos de defensa comercial aún limitados, las siderúrgicas y la propia ALACERO reclaman medidas más rápidas y coordinadas frente al aumento de importaciones a precios desleales.

Además, nuevas políticas proteccionistas están desincentivando inversiones industriales clave. Gerdau, por ejemplo, había anunciado entre 500 y 600 millones de dólares para una planta de aceros especiales de 600.000 toneladas en México; tras el aumento de los aranceles de Estados Unidos al acero y al aluminio, decidió no seguir adelante en las condiciones actuales. Aunque la compañía mantiene abierta la posibilidad de retomar la inversión si el entorno comercial mejora, este episodio muestra hasta qué punto los factores geopolíticos y energéticos condicionan hoy la competitividad y la localización de nuevas capacidades industriales.

En este escenario, las energías renovables representan mucho más que una herramienta de descarbonización: son un activo estratégico que permite a las empresas mantener su posición en mercados globales, incluso cuando cambian las reglas del comercio internacional.

Albras y ArcelorMittal, casos paradigmáticos para toda la industria

Dos alianzas estratégicas ejemplifican con singular claridad cómo las energías renovables pueden redefinir el paradigma operativo de las industrias electrointensivas: la asociación entre Atlas Renewable Energy y Albras, principal productora de aluminio primario de Brasil, y el acuerdo con ArcelorMittal, líder siderúrgico del país. Ambas iniciativas consolidan el rol de Atlas como socio estratégico en la descarbonización y el fortalecimiento de la competitividad del sector metalúrgico latinoamericano.

En el caso de Albras, Atlas estructuró uno de los PPA más relevantes de Latinoamérica, respaldado por un crédito récord de 447,8 millones USD del BNDES, el mayor préstamo en dólares otorgado por la entidad para un proyecto de energía renovable. Con estos recursos se construyó Vista Alegre, una planta solar de 902 MWp (768 MWac) con capacidad para generar en promedio 2 TWh anuales y evitar la emisión de 2,4 millones de toneladas de CO₂ durante sus primeros 20 años de operación.

Desde enero de 2025, Vista Alegre suministra energía limpia a Albras bajo un contrato de 21 años, reforzando una alianza que ya incluía el parque solar Boa Sorte (438 MWp), también destinado a reducir la huella de carbono del aluminio producido en Brasil.

El acuerdo con ArcelorMittal lleva este enfoque un paso más allá dentro de la industria del acero. A través del complejo solar Luiz Carlos, en Paracatu (Minas Gerais), Atlas desarrolló una planta fotovoltaica de 315 MWp dedicada a abastecer las operaciones siderúrgicas de ArcelorMittal en el sur y sudeste de Brasil, bajo un modelo de joint venture y transferencia de activos.

Con una generación estimada de alrededor de 578 GWh anuales, este activo contribuye directamente al objetivo de ArcelorMittal de abastecer el 100 % de su consumo eléctrico en Brasil con fuentes renovables hacia 2030, al tiempo que avanza en sus metas globales de acero bajo en carbono.

Ambos proyectos incorporan componentes tecnológicos y sociales de relevancia estratégica. En el complejo Luiz Carlos se despliegan soluciones de última generación —módulos bifaciales, sistemas de seguimiento avanzado y cableado preensamblado— que optimizan tanto la producción solar como la eficiencia operativa de largo plazo. 

En paralelo, Atlas despliega programas ESG que incluyen capacitación técnica de mujeres para trabajar en la construcción de plantas solares y formación en programación, robótica y habilidades digitales para jóvenes de comunidades vulnerables.

De forma similar, en torno a Vista Alegre y Boa Sorte se han generado miles de empleos e implementado iniciativas sociales enfocadas en inclusión laboral, educación y desarrollo local, demostrando que la competitividad energética puede ir de la mano de un impacto social positivo.

Estos casos evidencian una de las fortalezas clave de Atlas: su enfoque tailor-made, estructurando acuerdos que no solo garantizan energía limpia y abundante, sino que también se alinean con la curva de consumo, el perfil de riesgo y las metas climáticas de cada cliente. Para lograrlo, Atlas combina:

  • Una de las flotas solares más grandes de América Latina (+8,4 GW en desarrollo, operación o construcción).
  • Un track record de 100 % de entrega en sus proyectos contratados.
  • Respaldo de Global Infrastructure Partners, con capacidad de movilizar más de 84.000 millones USD en inversiones.
  • Experiencia en la estructuración de contratos PPA con grandes consumidores industriales como AngloAmerican, Codelco, Engie, Dow, Albras y ArcelorMittal.

Atlas también ha demostrado su capacidad de replicar este enfoque estratégico en otros mercados clave de la región. A fines de 2024, firmó un PPA por 450 GWh anuales con Grupo CAP, el principal conglomerado minero-industrial de Chile, a través de sus filiales Compañía Minera del Pacífico (CMP) y Aguas CAP.

Este acuerdo de 15 años contempla el desarrollo de una planta solar en la región de Atacama con tecnología de almacenamiento BESS, lo que permitirá entregar energía 100 % limpia las 24 horas del día y avanzar en la descarbonización de la industria siderúrgica chilena.

Con este proyecto, Atlas suma más de 1.000 MW de capacidad renovable con almacenamiento en Chile, consolidando su posicionamiento como proveedor líder de soluciones energéticas a medida para la gran industria en América Latina. Así como ocurre en Brasil con Albras y ArcelorMittal, el caso CAP en Chile evidencia la capacidad de la compañía para diseñar y ejecutar contratos energéticos de largo plazo que alinean competitividad, confiabilidad y descarbonización.

Energías renovables como estrategia industrial

En una industria donde producir una tonelada de acero requiere hasta 500 kWh, asegurar contratos de energía limpia a largo plazo se ha convertido en una decisión estratégica clave. Con tarifas promedio en la región que superan los 150 USD/MWh, acceder a PPA renovables entre 30 y 50 USD/MWh puede traducirse en ahorros anuales de decenas de millones de dólares, y reducir el impacto de factores macroeconómicos y geopolíticos.

Atlas Renewable Energy ha demostrado que esto es posible. El hecho de que su parque solar Vista Alegre le proporcione energía limpia a Albras no sólo ilustra un ahorro cuantificable y un suministro limpio asegurado por 21 años, sino también el potencial de una alianza energética capaz de impactar la rentabilidad, resiliencia y reputación de la industria siderúrgica. En América Latina, la transición energética no es un ideal a largo plazo: es un modelo real de negocio que ya está en marcha.


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Este artículo fue creado en colaboración con Castleberry Media. En Castleberry Media, estamos dedicados a la sostenibilidad ambiental. Al comprar certificados de carbono para la plantación de árboles, combatimos activamente la deforestación y compensamos nuestras emisiones de CO₂ tres veces más.

Latinoamérica ya genera cerca del 70% de su electricidad con fuentes renovables. Pero para sostener y superar ese nivel hacia 2030, necesita una infraestructura capaz de integrar energía limpia, redes modernas y almacenamiento de forma coordinada.

La transición energética en Latinoamérica avanza a paso firme.

Los números lo confirman: en 2024 la región instaló más de 23 GW de nueva capacidad renovable, y más del 80% de esa cifra provino de proyectos de energía solar fotovoltaica, según la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA). Esta cifra representa uno de los mayores crecimientos anuales registrados en la región y la consolida como un actor clave en la expansión solar a nivel global.

El cambio está en marcha, pero para que tenga éxito a largo plazo hace falta más que sumar megavatios de fuentes renovables. El desafío ahora es construir la infraestructura capaz de sostener y aprovechar esta nueva ola de energía limpia.

Según datos de IRENA y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para aprovechar plenamente el potencial de la generación renovable es fundamental realizar inversiones estratégicas en redes eléctricas, almacenamiento y modernización operativa. Sin estas inversiones la integración de energías renovables podría enfrentar importantes cuellos de botella que limitarían su capacidad efectiva y ralentizarían la transición energética.

Para evitar estas limitaciones y maximizar el uso de energías limpias, se estima que las inversiones globales en infraestructura energética deben aumentar significativamente, pasando de USD 1,77 billones en 2023 a un promedio anual de USD 4,8 billones entre 2024 y 2030, según la Agencia Internacional de Energía (AIE) y BloombergNEF.

Esto significa contar con redes eléctricas robustas e inteligentes, sistemas de almacenamiento a gran escala y soluciones innovadoras que aseguren un suministro estable y permitan un crecimiento sostenido de la matriz energética sobre bases sólidas.

Cada uno de estos componentes es vital: juntos forman la columna vertebral de una transición energética exitosa, garantizando que el crecimiento de las renovables se traduzca en energía limpia, confiable y accesible para la región.

Infraestructura: componentes que hacen posible la transición energética 

La transición energética requiere de seis elementos clave que trabajen en conjunto: redes eléctricas modernas, almacenamiento confiable, gestión digital, regulaciones claras con señales de inversión a largo plazo, cadenas de suministro sólidas y talento humano calificado.

Cada uno cumple un rol esencial. La red transporta, el almacenamiento estabiliza, la gestión digital optimiza, la regulación habilita, la cadena de suministro conecta y el talento ejecuta.

Explorar cómo funcionan —y por qué importan— permite entender qué hace posible una transición energética real y duradera en Latinoamérica.

Capacidad de red

  • ¿Por qué expandir la capacidad de red es clave para avanzar con más renovables?

La red eléctrica es el sistema circulatorio de toda transición energética. A medida que los proyectos de energía renovable crecen en escala y número, contar con una infraestructura capaz de trasladar esa energía hasta el consumidor final se vuelve una prioridad. Si la red no acompaña ese crecimiento, se limita el impacto de la inversión renovable.

En países como Brasil, la rápida expansión de la generación solar y eólica ha generado desafíos puntuales: en algunas zonas, las líneas de transmisión existentes operan cerca de su límite. Esto complica la conexión de nuevos proyectos, encarece los tiempos de desarrollo y reduce la eficiencia del sistema.

Colombia y Chile también han incrementado significativamente su gasto en redes en los últimos años, conscientes de que ampliar y modernizar esta infraestructura es un paso necesario para sostener el ritmo de adopción renovable.

En 2024, por ejemplo, la inversión global en redes se proyectó en USD 400 billones, según la Agencia Internacional de Energía. En Latinoamérica, ese crecimiento ya se siente. Desde 2021, la inversión regional casi se duplicó, con avances destacados en transmisión y distribución en los países líderes en energías limpias.

Además, soluciones behind-the-meter —como la instalación de generación y almacenamiento en sitio por parte de empresas o usuarios industriales— están ganando terreno como alternativa o complemento. Estas soluciones permiten reducir la presión sobre la red, acelerar la adopción de renovables y brindar mayor autonomía energética a sectores productivos clave.

  • ¿Qué tan preparada está Latinoamérica en tecnología de redes para una transición energética moderna?

Modernizar la red eléctrica no solo se trata de tender más cables; también implica dotarla de inteligencia. Las redes inteligentes, apoyadas en tecnologías de internet de las cosas (IoT), permiten integrar mejor fuentes intermitentes como la solar y la eólica, equilibrar la oferta y la demanda en tiempo real y responder con agilidad ante eventos inesperados.

Este tipo de redes se apoya en automatización, sensores, software de gestión y análisis de datos que permiten visualizar y operar el sistema eléctrico con precisión. ¿El resultado? Mayor eficiencia, menor vulnerabilidad y más control.

En Latinoamérica, todavía hay mucho margen de mejora. Según OLADE, las pérdidas eléctricas alcanzan el 15% de la oferta anual en la región. Reducir esa pérdida es una oportunidad para hacer más eficiente todo el sistema mediante la adopción de nuevas tecnologías.

Los medidores inteligentes y la gestión activa de cargas, por ejemplo, permiten detectar fugas de energía, sobrecargas o usos irregulares en tiempo real. Además, mejoran el aprovechamiento de la infraestructura instalada y ayudan a priorizar inversiones donde más se necesitan.

 Almacenamiento energético

  • ¿Por qué el almacenamiento energético marca la diferencia en la integración renovable?

Las fuentes renovables como el sol o el viento no están disponibles todo el tiempo. Por eso, el almacenamiento de energía se ha convertido en uno de los pilares técnicos más relevantes de la transición. Las baterías de ion-litio permiten guardar el excedente de generación durante las horas pico para liberarlo cuando baja la producción, estabilizando el sistema y garantizando continuidad.

El crecimiento del mercado global confirma la importancia que tiene este componente para la transición energética. En 2024 se instalaron 69 GW / 169 GWh de sistemas de almacenamiento en baterías (BESS), lo que representa un incremento interanual del 55%, según el informe anual de la Fundación Volta.

Solo en ese año, las nuevas instalaciones aportaron más del 45% de la capacidad acumulada global de almacenamiento energético. Hoy, el total acumulado alcanza los 160 GW / 363 GWh, y el 98% de esa capacidad corresponde a baterías de ion-litio.

Este crecimiento no solo responde a la necesidad técnica de estabilizar redes. También tiene un efecto económico: al permitir que las renovables operen de forma continua y predecible, el almacenamiento reduce su costo nivelado (LCOE) y acelera su adopción. Así, se genera un ciclo virtuoso: más almacenamiento hace más viables las renovables, y eso impulsa nuevas inversiones en tecnologías limpias.

Aunque la expansión está liderada por China y EE. UU., Latinoamérica también empieza a avanzar, aunque a menor ritmo. La penetración de BESS en la región es creciente, con Chile como líder y un aumento del 42% en instalaciones durante 2024, según un informe de Wood Mackenzie. Aun así, representa una fracción pequeña del total de capacidad energética, lo que evidencia un fuerte potencial de expansión hacia 2025 y más allá. Un ejemplo destacado es el proyecto BESS del Desierto, desarrollado por Atlas Renewable Energy en Chile: 200 MW de potencia y 800 MWh de capacidad, con un financiamiento de USD 289 millones. Este sistema es uno de los más grandes de Latinoamérica y muestra cómo el almacenamiento a gran escala permite capturar la energía del sol durante el día y usarla en la noche, dando continuidad y eficiencia a la energía renovable.

  • ¿Cómo contribuye el almacenamiento a la resiliencia del sistema eléctrico en Latinoamérica?

Más allá de la integración renovable, el almacenamiento fortalece la resiliencia energética frente a eventos climáticos extremos. En una región donde la generación hidroeléctrica tiene un peso estructural, la sequía es una amenaza directa al suministro.

Brasil lo vivió en 2021 con su peor sequía en un siglo, que redujo drásticamente la capacidad de sus embalses y desató una crisis energética. En 2024, Colombia también enfrentó niveles críticos en sus hidroeléctricas por la falta de lluvias. En escenarios así, contar con baterías permite cubrir déficits temporales y evitar racionamientos.

Además, el almacenamiento aporta seguridad frente a la volatilidad en la demanda. La energía de BESS del Desierto, por ejemplo, se utilizará para alimentar infraestructura de transporte eléctrico, lo que ayudará tanto a cubrir picos de consumo como a impulsar la descarbonización del sector movilidad en la región.

A medida que sectores como la industria y el transporte eléctrico aumentan su consumo, disponer de energía acumulada permite responder con rapidez y confiabilidad.

El reto ahora es cerrar una brecha de inversión significativa. Aunque la IEA proyectó que el mercado global superaría los USD 50.000 millones en inversión en almacenamiento en 2024, los países emergentes—incluyendo los de Latinoamérica— aún invierten muy poco: apenas un centavo por cada dólar que destinan las economías avanzadas.

Superar esa disparidad requiere políticas activas, incentivos financieros e innovación en modelos de negocio.

 Tecnología operativa

  • ¿Por qué los sistemas de gestión avanzados son esenciales para integrar más renovables?

A medida que las redes eléctricas incorporan una creciente cantidad de fuentes renovables distribuidas, la operación eficiente y segura del sistema depende cada vez más de una infraestructura tecnológica inteligente.

Los sistemas SCADA modernos, sensores inteligentes y algoritmos de inteligencia artificial permiten monitorear y ajustar la operación de la red segundo a segundo, anticipando variaciones en la generación y la demanda.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), la digitalización de las redes eléctricas es esencial para integrar altos niveles de energías renovables y mantener la estabilidad del sistema.

Además, la flexibilidad operativa que brindan estas tecnologías permite responder con rapidez a eventos imprevistos, evitar sobrecargas y optimizar el uso de la infraestructura existente, aumentando la eficiencia general del sistema eléctrico.

  • ¿Cómo fortalece la infraestructura digital el rol de las empresas en la transición energética?

La digitalización es mucho más que eficiencia operativa. También se ha convertido en un componente estructural de la infraestructura energética moderna. Mediante sensores, software especializado y análisis de datos en tiempo real, permite gestionar la energía de forma más flexible, segura y descentralizada.

Los medidores inteligentes y los sistemas de gestión de demanda brindan a las empresas la capacidad de adaptar su consumo en función de la disponibilidad de renovables, reduciendo costos y aplanando picos de demanda. En sectores electrointensivos, esta capacidad es clave para mantener la competitividad sin comprometer la sostenibilidad.

Ya hay ejemplos en marcha en varios países de la región: tarifas dinámicas, programas de respuesta a la demanda y automatización de cargas están empezando a transformar la relación entre consumo y generación. Esta bidireccionalidad convierte a los grandes consumidores en actores activos del sistema eléctrico, capaces de contribuir con flexibilidad y estabilidad.

Además, la digitalización facilita el despliegue de tecnologías emergentes como microrredes en zonas industriales o flotas de vehículos eléctricos con capacidad de inyección a la red (vehicle-to-grid). Todo esto requiere plataformas digitales robustas, inversiones en infraestructura de datos y capacidades técnicas alineadas con esta nueva dinámica.

Empresas como Atlas Renewable Energy también están aprovechando la digitalización para optimizar sus proyectos. Desarrollos como Estepa, combinan hardware de última generación (como paneles bifaciales y almacenamiento) con sistemas inteligentes que permiten una gestión dinámica de la energía, mejorando la eficiencia operativa y facilitando la integración renovable en tiempo real.

Regulaciones

  • ¿Por qué las inversiones en renovables necesitan un marco regulatorio claro?

La transición energética solo avanza con reglas claras. Las inversiones en generación limpia, redes y almacenamiento —en gran parte provenientes del sector privado— dependen de permisos definidos, acceso transparente a la red, mecanismos de remuneración estables y lo más importante, regulaciones que den señales de inversión a largo plazo.

Contar con metas nacionales respaldadas por la ley da señales claras a largo plazo. Chile, por ejemplo, busca que el 70% de su matriz provenga de fuentes renovables al 2030 y alcanzar la neutralidad en carbono al 2050. Colombia apunta a reducir en un 51% sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) al 2030 y ser neutral en carbono en 2050. Estos objetivos envían una señal directa a los inversionistas sobre la seriedad y el compromiso de ambos países.

Además, políticas concretas como subastas competitivas, tarifas de alimentación o contratos de compraventa de energía (PPA) han demostrado ser efectivas para dinamizar el mercado.

Las subastas públicas han permitido reducir el costo de la energía renovable gracias a la competencia, mientras que las tarifas de alimentación aseguran precios fijos que dan viabilidad financiera a proyectos pequeños o en zonas no interconectadas. Los PPA, por su parte, han facilitado el ingreso de grandes consumidores al mercado, reduciendo su exposición a la volatilidad de precios y favoreciendo inversiones de largo plazo.

Durante la última década, estos mecanismos ayudaron a bajar costos y atraer empresas en toda la región. Hoy, muchos mercados evolucionan hacia esquemas más flexibles —como contratos bilaterales— que también requieren marcos legales robustos.

Por ejemplo, en 2025 México aprobó una ley que limita a los generadores privados al 46% del mercado para fortalecer el papel del Estado. Al mismo tiempo, incluyó reglas más claras para dar estabilidad legal. Este tipo de reformas muestran cómo las leyes pueden influir en la confianza de las empresas y en la velocidad con la que avanza la transición energética.

Además, la hibridación, que combina generación solar con almacenamiento, lleva la infraestructura un paso más allá.

Proyectos como Estepa (Chile), que une 215 MW fotovoltaicos con 418 MW de almacenamiento para garantizar suministro continuo, o Draco (Brasil), un complejo solar que integra generación y conexión robusta a la red mediante subestación y línea de transmisión, son ejemplos clave de sistemas híbridos. Estas soluciones ofrecen energía renovable estable y continua.

 Cadena de suministro

  • ¿Por qué una cadena de suministro confiable es clave para acelerar la transición energética?

La transición energética necesita equipos listos, materiales disponibles y logística que funcione. Desde paneles solares hasta baterías o turbinas, todo depende de una cadena de suministro que responda con agilidad.

Los últimos años dejaron claro cuán vulnerable puede ser el sistema. La pandemia, los conflictos geopolíticos y la escasez de semiconductores generaron cuellos de botella, demoras e incrementos de costos en tecnologías limpias. A partir de 2023, parte de esa presión comenzó a ceder: los precios de los paneles solares bajaron cerca de un 30% y también retrocedieron los de minerales clave como el litio o el cobalto.

Sin embargo, persisten riesgos estructurales. Hoy, gran parte de la fabricación de tecnologías limpias está concentrada en pocas regiones. Asia domina la producción de paneles y baterías, y eso deja a otros mercados expuestos a interrupciones o tensiones comerciales.

Por eso, varios países están tomando medidas: buscan atraer fábricas y fortalecer la manufactura local para reducir la dependencia. Al mismo tiempo, expertos advierten que no se trata de romper cadenas globales, sino de diversificar fuentes y asegurar inventarios estratégicos. La resiliencia no es aislarse, es prepararse para responder rápido.

  • ¿Cómo fortalece la cadena de suministro regional la infraestructura para la transición energética?

Latinoamérica no es solo consumidora de tecnologías limpias. También puede ser proveedora clave de recursos, procesamiento y manufactura para la transición energética global.

Chile, Argentina y Perú concentran grandes reservas de litio y cobre, minerales críticos para baterías, motores eléctricos y redes. Brasil ya cuenta con ensambladoras de aerogeneradores y fabricantes solares, y México tiene la capacidad industrial para integrarse a las cadenas norteamericanas con vehículos eléctricos o paneles.

La región tiene la oportunidad de agregar valor y no solo exportar materias primas. Desarrollar industria local —procesamiento, fabricación de componentes, ensamblaje— puede reducir la dependencia externa, crear empleo y generar encadenamientos productivos que refuercen la infraestructura energética de forma integral.

Pero aprovechar ese rol requiere más que recursos. Hace falta infraestructura logística: puertos, rutas, talleres especializados, además de políticas que atraigan inversión industrial y acompañen el crecimiento con estándares técnicos y ambientales claros.

Por otra parte, Latinoamérica puede liderar en otro frente: el de la sostenibilidad de la cadena de suministro. La región tiene la posibilidad de posicionarse como un referente en minería responsable, con estándares sociales y ambientales sólidos, y avanzar hacia una economía circular que recicle baterías, paneles y otros equipos al final de su vida útil.

Talento humano

  • ¿Por qué el talento humano es un pilar estratégico en la transición energética?

La transición energética también depende de personas preparadas para implementarla. Sin instaladores, técnicos, ingenieros y operadores capacitados, no hay paneles ni turbinas que funcionen, ni redes que se gestionen.

Hoy ya existe una brecha de habilidades: faltan instaladores certificados, ingenieros con experiencia en energía renovable y personal técnico especializado. Esto frena proyectos y retrasa metas.

Pero también hay una gran oportunidad. Solo en 2023, los empleos en energías renovables crecieron 18% a nivel mundial, alcanzando los 16,2 millones, según IRENA.  Latinoamérica ya empieza a destacarse: Brasil, por ejemplo, suma más de 1,5 millones de empleos verdes.

Lo más importante es formar talento local. Hace falta capacitar técnicos en instalación solar, actualizar carreras universitarias con temas como redes inteligentes y baterías, y ofrecer opciones para que quienes vienen de otros sectores puedan reconvertirse.

  • ¿Cómo puede Latinoamérica cerrar la brecha de talento en energías limpias?

La región tiene el potencial humano, pero necesita mecanismos concretos de formación y capacitación. Hay que escalar esfuerzos, alinear a empresas, gobiernos y centros educativos, e invertir en programas que conecten a las personas con los nuevos empleos en la industria.

Un buen ejemplo es la iniciativa We Are Part of the Same Energy, impulsada por Atlas Renewable Energy, que ofrece capacitación técnica a comunidades locales, uniendo inclusión con desarrollo energético. Estos programas no solo enseñan, también generan empleo y fortalecen el orgullo en la comunidad.

También es clave abrir más espacios para mujeres en el sector y fomentar la formación continua, porque las tecnologías avanzan rápido y estar al día ya no es opcional.

La transición energética solo será justa y exitosa si viene acompañada de una transformación en el empleo. Contar con talento capacitado no es un valor agregado, es lo que garantiza que los parques solares operen, que las redes funcionen y que la región avance hacia un futuro energético sostenible.

Infraestructura con propósito: el motor detrás de la transición energética

La transición energética en Latinoamérica no depende solo de sumar capacidad renovable. También depende de construir una infraestructura sólida, integrada y con visión de largo plazo.

Redes modernas, almacenamiento confiable, sistemas digitales, marcos regulatorios estables, cadenas de suministro estratégicas y talento calificado no son piezas aisladas: forman un ecosistema que permite avanzar con resiliencia y propósito.

Colombia, México, Chile y Brasil ya muestran que es posible combinar recursos naturales con decisiones estratégicas. En este camino, actores como Atlas Renewable Energy aportan experiencia, innovación y colaboración directa con gobiernos y comunidades.

El reto está claro, también la oportunidad. Si se integran bien estos elementos, la región no solo avanzará en la transición energética, sino que lo hará con resiliencia, propósito y liderazgo.


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Este artículo fue creado en colaboración con Castleberry Media. En Castleberry Media, estamos dedicados a la sostenibilidad ambiental. Al comprar certificados de carbono para la plantación de árboles, combatimos activamente la deforestación y compensamos nuestras emisiones de CO₂ tres veces más.

La transición energética requiere más que la instalación de paneles solares o turbinas eólicas: exige un nuevo modelo de negocio. Atlas Renewable Energy está estableciendo un estándar para la industria al integrar principios de sostenibilidad en cada etapa del desarrollo, desde la selección del sitio hasta el compromiso de los proveedores.

En zonas remotas de América Latina, las obras de construcción de plantas solares se están convirtiendo en centros inesperados de transformación social. Mujeres que nunca habían participado en el mercado laboral formal están adquiriendo competencias técnicas, operando maquinaria pesada y generando ingresos que sostienen a sus familias. Simultáneamente, se están restaurando terrenos degradados gracias a la plantación de miles de especies nativas, mientras que cines móviles impulsados por energía solar llevan educación y entretenimiento a las comunidades.

No se trata de proyectos simbólicos ni de iniciativas desconectadas. Son componentes integrales del desarrollo de energía renovable que demuestran qué ocurre cuando las empresas consideran los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) como estrategia empresarial central en lugar de simples obligaciones de cumplimiento normativo.

Desarrollar capital humano en las nuevas fronteras energéticas

En toda América Latina, en regiones rurales donde las oportunidades de empleo formal han sido históricamente limitadas, los programas integrales de capacitación laboral están abriendo vías hacia la independencia económica, fortaleciendo simultáneamente la fuerza laboral calificada que demanda la transición energética.

“Contamos con un portafolio consolidado de iniciativas socioambientales capaces de abordar directamente las diversas necesidades locales”, explica Raquel Azevedo, Gerente Senior Global de Sostenibilidad en Atlas Renewable Energy. “Un ejemplo verdaderamente emblemático es nuestro Programa de Empleabilidad Femenina. Se implementa en todos nuestros proyectos, independientemente de su ubicación, y lo adaptamos a las características y aprendizajes de cada territorio.”

Desde 2019, este programa ha capacitado a más de 1.500 mujeres, abriéndoles nuevas oportunidades laborales en áreas relacionadas con la construcción de plantas solares. Su objetivo principal es incrementar la participación femenina en el sector al pasar del 2%, que es el promedio en la industria, al 15%, una meta ya superada en un proyecto donde las mujeres representaron un 22% de la fuerza laboral en la obra. El éxito de esta iniciativa responde a un doble imperativo: cerrar la brecha de género en el empleo de energías renovables y desarrollar capacidades locales que reduzcan la dependencia de los proyectos en la mano de obra fuera de la región.

Invertir en el desarrollo sistemático de capacidades también genera operaciones más seguras y eficientes. En 2024, Atlas impartió 5.986 horas de formación en seis países, con más de 1.500 personas capacitadas como líderes en seguridad y salud, lo que resultó en una reducción del 29% en incidentes reportables.

Desarrollar en alianza con la comunidad

Los proyectos de infraestructura en zonas remotas enfrentan desafíos previsibles como retrasos regulatorios, oposición local, interrupciones operativas y riesgos reputacionales. Los enfoques tradicionales suelen tratar las relaciones comunitarias como un requisito de cumplimiento: realizar las consultas exigidas, desembolsar las compensaciones cuando sea obligatorio y esperar que la interferencia sea mínima.

Atlas Renewable Energy eligió una ruta distinta: una genuina participación comunitaria, diseñada para catalizar un desarrollo social y económico más amplio en regiones históricamente desatendidas.

“El canal de comunicación abierto que Atlas implementa en cada proyecto refleja la evolución en la relación entre el desarrollo de energías renovables y las comunidades locales. Lo que inicialmente eran informaciones sobre polvo y tráfico, con el tiempo se fueron transformando en conversaciones sobre iniciativas sociales y objetivos de desarrollo compartido”, explica Azevedo.

“Queremos demostrar, no solo a las comunidades sino también a los equipos de los proyectos, que estamos presentes y dispuestos a escuchar, trabajar en conjunto y entender lo que desean comunicarnos”, añade.

En 2024, los programas sociales de Atlas beneficiaron a más de 14.000 personas y generaron más de 5.200 empleos. El programa Energizar para Transformar mejoró la calidad de vida de más de 300 personas mediante la rehabilitación de pozos artesianos, resolviendo problemas críticos de acceso al agua en comunidades rurales. Al mismo tiempo, la iniciativa CineSolar llevó un cine móvil alimentado con energía solar a más de 5.000 estudiantes, combinando entretenimiento con educación sobre energía renovable y gestión ambiental.

Estos programas representan un cambio fundamental: en lugar de tratar a las comunidades como grupos de interés que deben ser gestionados, las reconocen como socios estratégicos en la transición energética, generando valor compartido que perdura mucho más allá de la fase de construcción.

Elevar los estándares de la industria mediante el desarrollo colaborativo

Las prácticas sostenibles implementadas por empresas individuales son insuficientes para generar una transformación sistémica. El enfoque de Atlas hacia sus relaciones con proveedores demuestra cómo los estándares ESG integrales pueden propagarse a través de las cadenas de valor, creando efectos multiplicadores que fortalecen todo el ecosistema de energía renovable.

“Nuestra visión en todos los segmentos del mercado es posicionarnos como el mejor socio para clientes y aliados —no solo en la transición energética, sino también para desarrollar capacidades conjuntas— las nuestras y las suyas— que permitan alcanzar objetivos que beneficien al planeta, a los negocios y a la gente”, explica Azevedo.

En lugar de limitarse a auditar el cumplimiento normativo de los proveedores, Atlas invierte en el desarrollo de sus capacidades mediante planes de acción personalizados. El impacto trasciende los socios directos: cuando los desarrolladores de energía renovable exigen criterios sociales y ambientales rigurosos para todos los contratistas principales, estos estándares se difunden por los sectores de construcción e infraestructura. A lo largo de la cadena de valor, los proveedores invierten en capacitación, mejoran sus prácticas operativas e implementan mecanismos de información para mantener la competitividad.

El resultado es una mejora gradual pero sistemática en cómo se construye la infraestructura de energía renovable.

Hacer tangible la transición energética

Los beneficios en reducción de carbono de la energía renovable son ampliamente reconocidos. Solo en 2024, los proyectos de Atlas evitaron más de 716.000 toneladas de emisiones de CO₂ mientras generaban 5,1 GWh de energía limpia, suficiente para abastecer a 1,4 millones de hogares. Sin embargo, en regiones donde la sequía y la degradación del suelo son realidades cotidianas, la conexión entre paneles solares o aerogeneradores y la salud del ecosistema local suele percibirse como más abstracta que tangible.

“Estas son tecnologías nuevas para muchas personas, especialmente en zonas remotas o menos familiarizadas con las energías renovables”, explica Azevedo.

Para superar este desafío de percepción, Atlas Renewable Energy se enfoca en la restauración práctica de ecosistemas, que las comunidades pueden observar y comprender. En 2024, la compañía reforestó 985 hectáreas y plantó casi 21.000 especies nativas, demostrando que el desarrollo de la energía renovable puede ir más allá de la generación eléctrica.

La resiliencia financiera como resultado natural

Las empresas que demuestran sólidos principios ambientales, sociales y de gobernanza tienden a exhibir menores riesgos operativos, relaciones más robustas con los grupos de interés y mejor cumplimiento regulatorio, factores que impactan directamente en el desempeño financiero de proyectos con una duración de varias décadas.

La trayectoria de Atlas ilustra esta dinámica. La compañía obtuvo más de US$2.000 millones en recursos financieros en 2024, mientras invertía US$41,9 millones en desarrollo de energías renovables y US$500.000 en investigación e innovación.

“No se trata únicamente de sostenibilidad; nuestra forma de actuar como empresa es lo que nos abre las puertas”, reflexiona Azevedo. “Nos ha abierto oportunidades en distintos mercados, bien sea en innovación, financiamiento o tecnología.”

Los resultados financieros son una consecuencia natural cuando la sostenibilidad se integra en nuestra forma de trabajar. Los programas de capacitación empoderan al talento y crean entornos laborales más seguros y eficientes. Las alianzas comunitarias amplían oportunidades y fortalecen la confianza. El desarrollo de capacidades entre proveedores impulsa toda la cadena de valor. En conjunto, estas acciones incrementan la resiliencia de los proyectos y, por tanto, su atractivo para inversionistas y socios estratégicos.

“Generamos relaciones más sólidas cuando hablamos abiertamente de los desafíos y de lo que estamos trabajando para mejorar, en lugar de retener información y parecer menos transparentes”, señala Azevedo.

Hacer negocios sostenibles por principio

“No concibo la sostenibilidad como un departamento; es la forma en que se hacen los negocios”, recalca Azevedo. “Somos una empresa sostenible: trabajamos en la transición energética. Pero cualquier organización puede ser sostenible: en sus procesos, en la forma en que establece alianzas, en cómo desarrolla capacidades y en cómo trata a su talento.”

Esta perspectiva explica por qué las prácticas de sostenibilidad de Atlas generan ventajas competitivas sistemáticas, más que gastos de cumplimiento. Cuando las consideraciones ambientales guían las decisiones sobre la ubicación de proyectos, cuando la participación comunitaria da forma a los programas sociales y cuando el desarrollo de los proveedores influye en las decisiones de adquisición, la sostenibilidad se convierte en parte integral de la eficiencia operativa, en lugar de ser una carga adicional.

“Siempre me sorprende, al cierre de cada ciclo de reporte, constatar cuánto hemos logrado en un año”, reflexiona Azevedo.

Con evidencias que abarcan múltiples dimensiones, el Informe de Sostenibilidad 2024 de Atlas demuestra qué ocurre cuando los principios ambientales, sociales y de gobernanza se convierten en parte fundamental del funcionamiento de la empresa: proyectos de energía renovable que las comunidades acogen con entusiasmo, los equipos construyen con orgullo, los proveedores cumplen de forma constante y los inversionistas financian con confianza.


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Tener una estrategia energética clara es clave al iniciar operaciones en Latinoamérica. Explora las oportunidades de la región y por qué el contexto local importa para tomar decisiones informadas.

En el contexto global actual, América Latina constituye una región con alto potencial para la expansión empresarial. Su matriz energética diversa y en transformación ofrece oportunidades reales para quienes planifican con visión.

Hoy, alrededor del 70 % de la electricidad en la región proviene de fuentes renovables —más del doble del promedio mundial, según OLADE (Organización Latinoamericana de Energía)—, y las proyecciones de organismos como la IEA e IRENA indican que la mayor parte de la nueva capacidad eléctrica que se instalará de aquí a 2030 estará impulsada por tecnologías como la solar y la eólica.

A la vez, la demanda eléctrica seguirá creciendo. Según el Latin America Energy Outlook 2023 publicado por la Agencia Internacional de Energía (AIE), se proyecta un aumento del 90  % al 2050 bajo políticas actuales, y hasta del 180  % si se cumplen los compromisos de descarbonización.

Esto casi duplicará el peso de la electricidad en el consumo final de energía —pasando de cerca del 19 % al 36 % hacia 2050 en el escenario de carbono neutral de OLADE— y pondrá una presión creciente sobre las redes. Según las proyecciones más recientes del Energy Outlook 2024 de OLADE, la región tendría que sumar del orden de 1.500 GW de capacidad renovable adicional para 2050 para alcanzar matrices con más de 80 % de generación limpia.

Este dinamismo plantea una oportunidad clara, pero también una exigencia: anticipar la demanda energética, entender los contrastes regulatorios y evaluar cómo asegurar un suministro competitivo y estable en cada mercado. De modo que la estrategia energética no es solo un aspecto técnico, sino un factor decisivo para crecer con éxito en Latinoamérica.

Desafios energéticos en Latinoamérica que exigen planificación estratégica

La volatilidad de precios y la desigualdad regulatoria son dos riesgos clave. Ignorarlos implica sobrecostos, retrasos y decisiones equivocadas.

  • Precios volátiles y tarifas complejas

Aunque la inflación energética anual en la región fue de solo el 1,51  % en 2024, según OLADE, ese dato promedio esconde realidades locales más desafiantes.

En Colombia, por ejemplo, empresas electrointensivas enfrentaron aumentos de hasta el 32  % en sus tarifas, con un promedio nacional cercano al 20  %, según un estudio de la start-up Energy Master, citado por Forbes.

Este aumento se relaciona con la baja en los embalses hidroeléctricos —que aportan el 74,2  % de la energía del país— debido al fenómeno de El Niño. La disminución en la generación obligó a activar plantas térmicas más costosas y con mayores emisiones.

Este tipo de exposición a variables climáticas y operativas obliga a buscar estabilidad en el suministro. Los contratos de compraventa de energía a largo plazo (PPA) ofrecen una solución efectiva. Según Grant Thornton, los PPA permiten a las empresas asegurar energía limpia a precios fijos, reducir su exposición al riesgo y planificar con mayor certidumbre, una ventaja clave en entornos de alta volatilidad.

  • Diversidad normativa

El segundo gran desafío es la comprensión del contexto cultural, político y las normativas de cada país. Cada uno avanza con ritmos, prioridades y modelos distintos. Esta diversidad es un factor estructural que debe integrarse desde el inicio en cualquier estrategia energética regional. 

Mientras algunos países de la región operan con marcos regulatorios abiertos a la inversión privada, otras otorgan un rol prioritario al Estado. Además, las energías no convencionales no reciben el mismo nivel de impulso normativo en toda Latinoamérica, lo que afecta tanto la velocidad de desarrollo como los incentivos disponibles.

Colombia, por ejemplo, cuenta con un marco legal que ha favorecido la integración de fuentes no convencionales mediante la Ley 1715 y otras normativas complementarias. Aunque estas regulaciones han avanzado, aún enfrentan retos, como el requisito de consulta previa y la falta de coordinación entre el Gobierno, las comunidades, las autoridades y las empresas generadoras, lo que puede retrasar las iniciativas y aumentar su complejidad.

En el caso de México, el panorama está evolucionando. En el pasado, el marco regulatorio fue más restrictivo y con menor apertura a la inversión privada que Colombia, pero en los últimos años el país ha impulsado nuevas apuestas regulatorias orientadas a trabajar con la industria y atraer proyectos estratégicos.

Para 2030, por ejemplo, México busca sumar 29 GW de capacidad limpia y movilizar más de USD 22 000 millones en inversiones. Además de responder a compromisos de reducción de emisiones, estas acciones apuntan a cubrir la creciente demanda energética derivada del nearshoring, garantizando un suministro más competitivo y estable.

Y en países como Brasil y Chile encontramos panoramas regulatorios más avanzados pero con desafios propios de una industria avanzada. Comprender estos marcos normativos permite a las empresas identificar riesgos, aprovechar incentivos locales y alinear su estrategia energética con las condiciones de cada país.

La transición energética como pilar de disponibilidad y confiabilidad para empresas en expansión

En América Latina, la transición energética busca avanzar de forma equilibrada en sus tres dimensiones clave: económica, social y ambiental. El objetivo es garantizar una transformación que no solo impulse el cambio energético, sino que también promueva el desarrollo y la competitividad empresarial.

La creciente adopción de fuentes renovables no convencionales, como la solar y la eólica, ha mejorado la estabilidad del suministro eléctrico en la región, proporcionando a las empresas una base sólida para sus operaciones.

Un ejemplo destacado es el proyecto solar Boa Sorte de Atlas Renewable Energy en Brasil. Ubicado en el estado de Minas Gerais, este complejo solar tiene una capacidad instalada de 438 MW y suministrará energía renovable a Albras, el mayor productor de aluminio primario de Brasil.

A través de un contrato de compra de energía (PPA) de 20 años, se espera que el proyecto proporcione aproximadamente el 12 % del consumo energético anual de Albras, equivalente a 815 GWh por año. Además, se estima que evitará la emisión de más de 61.000 toneladas de CO₂ anualmente.

De manera similar, en México, el auge del nearshoring ha incrementado la demanda energética, impulsando a industrias como la manufactura, la tecnología y la minería a planificar con anticipación su abastecimiento.

En este contexto, el proyecto solar La Pimienta, desarrollado por Atlas en el estado de Campeche, se posiciona como una solución estratégica. Con una capacidad de 315 MW, es la segunda planta solar más grande del país y suministra energía limpia a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) bajo un contrato de 15 años.

Este acuerdo fortalece la oferta energética en la península de Yucatán, lo que a su vez favorece la estabilidad de los precios. 

Estos casos muestran cómo la integración de soluciones energéticas renovables, con una lectura estratégica del entorno y alianzas adecuadas, permite avanzar hacia un suministro más confiable y sostenible. Esto no solo reduce riesgos, también potencia la competitividad de las empresas que operan en mercados latinoamericanos en expansión.

El horizonte energético: tendencias que darán forma al panorama latinoamericano

Las empresas que proyectan su expansión en Latinoamérica necesitan mantenerse actualizadas frente a las dinámicas energéticas que están redefiniendo la infraestructura y la operación industrial en la región.

Comprender estos cambios permite adaptarse con agilidad y aplicar soluciones innovadoras en un entorno competitivo y en transformación constante

Uso de sistemas BESS: respaldo estratégico para industrias críticas

El almacenamiento de energía mediante sistemas BESS se está consolidando como una solución clave para garantizar la continuidad operativa en sectores industriales con alta demanda energética.

Un ejemplo destacado es el acuerdo entre Atlas Renewable Energy y Codelco en Chile, mediante el cual Atlas suministrará 375 GWh anuales de energía no convencional respaldada por un sistema de almacenamiento con baterías. Este proyecto garantiza suministro continuo incluso en horas pico o ante fallos en la red, asegurando operaciones críticas sin interrupciones.

Modelos de descentralización energética para ampliar cobertura en zonas remotas

En Latinoamérica, la descentralización energética comienza a tomar fuerza como alternativa frente a las limitaciones de infraestructura de transmisión. Si bien la generación distribuida ofrece beneficios concretos —como mayor autonomía y menor exposición a cortes—, también plantea desafíos en su implementación técnica, sostenibilidad económica y gobernanza local.

Un caso relevante es el de Colombia, donde el programa de Comunidades Energéticas permite a poblaciones no interconectadas generar, gestionar y consumir su propia energía renovable. Este modelo promueve un acceso más equitativo y directo a la electricidad, especialmente en regiones aisladas, y abre oportunidades para desarrollar nuevos mercados energéticos.

Sin embargo, su éxito depende de factores clave como capacidades organizativas locales, mecanismos de financiamiento adecuados y soporte técnico sostenido. Estos proyectos marcan una tendencia en expansión que puede escalarse y replicarse en otros países de la región, siempre que se adapten al contexto cultural, social y geográfico de cada comunidad.

Digitalización y gestión inteligente de la demanda

En América Latina, las tecnologías digitales aplicadas a la energía se están convirtiendo en una herramienta clave para mejorar la operación industrial. El uso de plataformas inteligentes, que permiten monitorear el consumo en tiempo real y anticipar patrones de demanda, ayuda a las empresas a ajustar su uso energético, reducir desperdicios y optimizar sus costos sin comprometer la productividad.

Por ejemplo, la implementación de sistemas de gestión de energía (SGE) en el sector industrial ha logrado reducir el consumo energético entre un 10 % y un 40 %, según el Observatorio de Sistemas de Gestión de la Energía de América Latina y el Caribe.

Estos avances no solo optimizan el uso de la energía, sino que también mejoran la sostenibilidad y la competitividad de las empresas en el mercado global.

No obstante, todavía hay una deuda pendiente en el fortalecimiento de los sistemas de transmisión eléctrica. A pesar del progreso en generación y consumo, muchas economías latinoamericanas enfrentan cuellos de botella en la infraestructura de transporte de energía, lo que limita el alcance y efectividad de la digitalización energética. Desarrollar redes más resilientes y confiables es un paso clave para consolidar esta evolución.

Claves para expandirse con ventaja energética en Latinoamérica

Poner la energía en el centro desde el inicio es una ventaja estratégica para cualquier empresa electrointensiva que quiera crecer con eficiencia operativa, control de costos y estabilidad en el suministro.

Estos son los aprendizajes clave que los tomadores de decisión deben tener en cuenta:

  • Iniciar con la energía en el centro: al planificar la entrada a cualquiera de los mercados latinoamericanos, evalúa desde el inicio qué fuentes locales tienes disponible, si hay potencial para renovables no convencionales in situ y qué aliados estratégicos pueden ayudarte a desarrollar soluciones a medida.
  • Aprovechar el impulso de la transición energética: varios países en la región ofrecen incentivos e infraestructura para proyectos limpios. Además, integrar energías no convencionales desde el inicio puede traducirse en menores costos operativos a mediano plazo, especialmente en el precio de insumos energéticos. Una estrategia con enfoque en transición energética abre la puerta a financiamiento y apoyo estatal.
  • Planificar pensando en resiliencia y competitividad: la energía no es un commodity más en el presupuesto, sino una decisión estratégica. Un contrato a 15 o 20 años o una planta propia requieren inversión, pero garantizan estabilidad frente a precios volátiles y fallos de red. Esa previsión marca distancia frente a competidores menos preparados.

Planificar la energía desde el inicio asegura un suministro confiable, competitivo y alineado con tus metas de sostenibilidad. El resultado: menores costos, más resiliencia y una posición líder en tu sector.


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Chile produce más del 25 % del cobre mundial y lidera en la producción de litio, pero para seguir exportando a Europa necesita una cadena de valor limpia, trazable y sostenible. La transición energética es la clave.

La minería es uno de los pilares fundamentales de la economía chilena. En 2023, representó el 12 % del PIB y posiciona al país como líder mundial en producción de cobre.

Para 2025, se espera una producción total de 5,73 millones de toneladas, unas 325.000 más que en 2024, lo que equivale al 24,5 % del total global, según el Informe de Tendencias del Mercado del Cobre de Cochilco. Chile también se consolidó en 2024 como el mayor productor de litio a nivel mundial.

La relación con Europa es clave. El continente es un socio comercial importante, puesto que es un destino estratégico para las exportaciones chilenas, especialmente de minerales críticos como el cobre y el litio.

En el mismo sentido, Europa reconoce a América Latina como un socio estratégico para asegurar el suministro estable de minerales críticos. La región concentra el 61 % de las reservas mundiales de litio, el 45 % de cobre y el 24 % de grafito natural, según datos de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y del Servicio Geológico de los Estados Unidos.

Sin embargo, el escenario internacional ha cambiado. Con la entrada en vigor en 2024 de regulaciones europeas como la Ley de Materias Primas Fundamentales (Critical Raw Materials Act, CRMA) y el Reglamento de Baterías, el acceso al mercado europeo de minerales dejó de depender solo del volumen o la calidad. Hoy exige trazabilidad, sostenibilidad y una huella de carbono controlada.

En este contexto, comenzar la transición energética es una decisión estratégica que permite a las empresas cumplir con las nuevas exigencias, consolidar relaciones comerciales y reforzar el posicionamiento de Chile como proveedor confiable de minerales críticos en el nuevo orden industrial.

Europa cambia las reglas: ¿Está Chile preparado?

La Unión Europea ha endurecido sus requisitos para el comercio de materias primas críticas, clave en su transición energética y tecnológica. Para reducir su dependencia de terceros países, desde 2024 rigen nuevas normativas que reordenan las condiciones de acceso al mercado, especialmente en sectores como la minería y la fabricación de baterías.

Ambas normativas apuntan a asegurar un suministro seguro, sostenible y trazable de minerales estratégicos como el cobre, el litio y el níquel, elevando los estándares ambientales y sociales en toda la cadena de valor.

La CRMA fija metas concretas para 2030:

  • Al menos el 10 % de las materias primas críticas debe extraerse dentro del territorio europeo.
  • El 40 % del procesamiento debe realizarse en suelo comunitario.
  • El 25 % debe provenir de materiales reciclados.
  • Ningún tercer país podrá concentrar más del 65 % del suministro de una misma materia prima.

Para países como Chile, esto implica un cambio de exigencias. Las empresas exportadoras deberán demostrar prácticas responsables, trazabilidad en toda la cadena de suministro y una reducción comprobable de su impacto ambiental si quieren seguir siendo actores clave en el mercado europeo.

Por su parte, el Reglamento de Baterías —aprobado en julio de 2023 y con entrada en vigor progresiva desde 2024— endurece las condiciones para comercializar baterías en Europa:

  • Desde 2025, los fabricantes estarán obligados a declarar la huella de carbono de sus productos.
  • A partir de 2027, deberán cumplir con límites máximos de emisiones por batería.
  • Se establecen porcentajes mínimos de contenido reciclado de litio, cobalto, níquel y plomo.

Estas medidas no solo impactan a los fabricantes. También alcanzan a los proveedores de materias primas, como las minas de litio y cobre en Chile, que deberán acreditar el cumplimiento ambiental desde el origen del producto.

La señal es clara: Europa exige más sostenibilidad, responsabilidad y trazabilidad en las cadenas de suministro. Para la industria minera en Chile, adaptarse a este nuevo entorno regulatorio no es opcional. Acelerar la transición hacia modelos de producción más limpios y socialmente responsables será clave para seguir compitiendo a escala global.

El desafío de la minería latinoamericana

La presión sobre la industria minera no proviene de un solo frente. Por un lado, la demanda global de minerales como el cobre, el litio y el níquel se dispara, impulsada por la transición energética. Por otro, los costos operativos aumentan y los estándares internacionales son cada vez más estrictos en materia ambiental, social y de trazabilidad.

En este contexto, el sector tiene varios desafíos, entre ellos mantener la competitividad y reducir su huella ambiental.

1. Competitividad en riesgo

En Chile, más del 50 % de la producción de cobre se ubica en el cuartil más alto de costos a nivel mundial. Esto significa que muchas operaciones están perdiendo terreno frente a nuevos proyectos que operan con estructuras más competitivas, como los que avanzan en Perú o la República Democrática del Congo.

Para recuperar terreno y atraer inversiones, la eficiencia energética es clave. Invertir en soluciones como la implementación de energías renovables (solar, eólica o híbridas con almacenamiento) permite reducir costos operativos, estabilizar precios de energía a largo plazo y cumplir con estándares ambientales cada vez más exigentes.

Esto no solo puede mejorar la competitividad en materia de precios, sino que también fortalece la imagen de Chile como proveedor confiable y sostenible en el mercado global.

2. Exigencias de sostenibilidad más estrictas

Operar con altos estándares ambientales ya forma parte del ADN de la minería chilena. El país es referente en América Latina en la reducción de la huella de carbono y en la implementación de buenas prácticas socioambientales. Sin embargo, para mantener esa posición y asegurar el acceso a mercados estratégicos como el europeo, es necesario acelerar el avance hacia el cumplimiento de los nuevos estándares globales.

Este es un reto que la industria ya está abordando, pero que puede impulsarse de forma decisiva con soluciones energéticas como la integración de energías renovables, el almacenamiento y la optimización de procesos. Estas acciones no solo facilitan cumplir con las regulaciones europeas para la minería, sino que también reducen costos y fortalecen la trazabilidad ambiental de la cadena de valor. 

Con este contexto global, la sostenibilidad se convierte en una ventaja competitiva: innovar en tecnologías limpias, mejorar la eficiencia y reforzar el compromiso con una minería responsable consolidaría a Chile como un proveedor confiable y líder en producción limpia a escala global.

¿Por qué la transición energética es clave para el futuro de la minería chilena?

La transición energética es una respuesta estratégica al triple desafío que enfrenta la minería. Incorporar energías renovables no convencionales (ERNC) —como solar fotovoltaica, eólica, geotérmica o hidrógeno verde— ofrece a la industria una vía concreta para reducir costos, asegurar suministro eléctrico y avanzar hacia la carbononeutralidad.

En Chile, el camino ya está trazado. La Política Energética 2035 y la Política Nacional Minera 2050 proyectan que, para 2030, cerca del 90 % de los contratos de energía en minería provendrán de fuentes renovables. Muchas empresas ya se adelantaron: firmaron acuerdos de suministro a largo plazo (PPA) con energía limpia, incorporando sistemas de almacenamiento para garantizar electricidad continua las 24 horas del día.

Este modelo energético mejora el desempeño ambiental y entrega ventajas operativas clave: costos más estables frente a la volatilidad del gas y el carbón, mayor seguridad de abastecimiento y alineación con las metas de sostenibilidad que exigen gobiernos e inversionistas.

Es importante señalar que la región cuenta con recursos naturales de primer nivel. Chile, por ejemplo, combina una de las radiaciones solares más altas del mundo con vientos estables, lo que permite generar energía renovable competitiva a gran escala.

De modo que la transición energética no solo resuelve dos puntos críticos del sector —emisiones y costos elevados—. También refuerza su valor competitivo, posicionando a la minería chilena como una industria eficiente, moderna y preparada para liderar en un mercado global que exige cada vez más sostenibilidad real.

¿Por qué apostar por energías renovables en la minería?

  •  Menor huella de carbono y menos contaminación

Cambiar el diésel o el carbón por energía solar o eólica reduce de forma significativa las emisiones de CO₂ y los contaminantes locales. Según expertos de la Cooperación Técnica Alemana (GIZ) y la Asociación de Clientes Eléctricos No Regulados (ACENOR), las operaciones mineras que adoptan renovables disminuyen tanto sus emisiones totales como las locales de gases de efecto invernadero.

En Chile, los contratos actuales con fuentes limpias ya desplazan millones de toneladas de dióxido de carbono al año frente a la generación fósil. Menos emisiones no solo significa cumplir compromisos climáticos. También fortalece el perfil de sostenibilidad de las empresas y la posición frente a inversionistas y reguladores.

  • Menores costos operativos

Las ERNC ofrecen un costo nivelado de energía (LCOE) más bajo que las fuentes tradicionales. Según Wood Mackenzie, en 2024 el LCOE promedio mundial de la energía solar fotovoltaica de eje fijo fue de 66 USD/MWh (con rangos de 28 a 117 USD/MWh), y el de la eólica terrestre se situó en 75 USD/MWh (rango: 23 a 139 USD/MWh). Estas cifras son inferiores al costo de nuevas centrales de carbón y gas en la mayoría de los mercados.

Los contratos a largo plazo (PPA) permiten fijar precios competitivos en dólares por kWh y blindarse frente a la volatilidad del mercado internacional de combustibles.

Como señala ACENOR, las renovables ofrecen energía a menores precios y sin emisiones, una combinación que impulsa directamente la competitividad minera en Chile.

  • Estabilidad y seguridad energética

Los sistemas renovables con almacenamiento garantizan un suministro continuo, evitando interrupciones y cuellos de botella. Esto es crítico para operaciones mineras de alta demanda energética, donde cualquier falla eléctrica puede significar pérdidas millonarias. Contar con energía propia reduce riesgos logísticos y financieros.

  • Cumplimiento de estándares ambientales y acceso a certificaciones

Incorporar fuentes limpias facilita la obtención de certificaciones de sostenibilidad —como los certificados de energía renovable o huella de carbono— cada vez más valoradas por clientes e inversores. También abre el acceso a bonos verdes, créditos ESG y mercados de carbono.

Cumplir con estos estándares mejora el posicionamiento ante reguladores y facilita la adaptación a exigencias como las nuevas normativas europeas de origen responsable.

  • Ventaja en el mercado europeo de minerales

Las empresas que demuestran operaciones con energía renovable pueden diferenciarse en mercados exigentes. Con Europa demandando minerales críticos con baja huella ambiental, las mineras chilenas que certifican un abastecimiento limpio se convierten en proveedores preferidos. Esto fortalece la marca país y las exportaciones de cobre y litio, al alinearlas con la visión de un mercado global verde.

La adopción de energías renovables no es solo una respuesta al contexto. Es una decisión que multiplica beneficios: reduce costos, mitiga riesgos, mejora la reputación y prepara a la minería latinoamericana para competir en un mercado global que ya exige operar de forma limpia, eficiente y responsable.

Atlas Renewable Energy: aliado estratégico

En este nuevo escenario global, Atlas Renewable Energy se consolida como un aliado clave para que la minería chilena avance hacia una matriz energética más limpia, estable y competitiva.

Atlas es un desarrollador global de energías renovables con experiencia comprobada en contratos de suministro a gran escala. Un ejemplo concreto es el PPA 24/7 firmado en 2024 con Codelco. El acuerdo garantiza el suministro de 375 GWh anuales de energía solar con baterías durante 15 años.

Este contrato pionero garantiza energía renovable continua a la mayor minera de cobre del mundo, reduciendo drásticamente sus emisiones y costos energéticos.

Proyectos como el de Atlas con Codelco demuestran el papel de la empresa en facilitar el cumplimiento de las nuevas exigencias regulatorias. Al proveer energía limpia y soluciones llave en mano (incluso con almacenamiento de energía), Atlas ayuda a las mineras a certificar su cadena de suministro ante los requisitos de la CRMA y del Reglamento de Baterías.

Además, nuestro enfoque combina energía solar, eólica y almacenamiento en una solución integrada, diseñada para dar estabilidad a la matriz eléctrica minera y elevar los estándares ambientales.

La transición energética es una oportunidad real para la minería. Y con el respaldo técnico y operativo de Atlas, las empresas del sector pueden convertir las nuevas exigencias regulatorias en una ventaja competitiva concreta: menor huella ambiental, acceso a certificaciones, reducción de costos y posicionamiento como proveedor sostenible en los mercados más exigentes.

Integrar energías renovables no convencionales es una decisión estratégica para competir hoy en el mercado internacional de minerales críticos.


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Latinoamérica supera por más del doble al mundo en energías renovables: 33 % vs 14,4 % global. La COP30 en la Amazonía mostrará sus logros y el ambicioso camino hacia la descarbonización.

Por primera vez, se albergará en plena Amazonía una Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y en esta ocasión será la n°30 (COP30). Se desarrollará del 10 al 21 de noviembre en la ciudad amazónica de Belém, estado de Pará, Brasil, otorgando al evento una carga simbólica y geopolítica sin precedentes.

Brasil se prepara para albergar la COP30, posicionando a la Amazonía en el centro de la agenda climática global. El país está realizando inversiones estratégicas en infraestructura para recibir delegaciones de más de 190 naciones, al tiempo que diseña una estrategia que pone en primer plano la biodiversidad, la preservación de los bosques y la transición energética.

Entre las principales iniciativas previstas para la conferencia destacan la creación de un fondo de 125 mil millones de dólares destinado a la protección de los bosques tropicales y el establecimiento de una Comisión Internacional Indígena, concebida para garantizar que las voces de las comunidades locales ocupen un lugar central en las soluciones climáticas globales.

La COP30 no solo será una vitrina para las metas globales, sino también una oportunidad estratégica para que América Latina se afiance como uno de los líderes del desarrollo sostenible.

La región tiene argumentos contundentes para hacerlo: según la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), entre 2015 y 2023 la participación de energías renovables en la generación eléctrica subió del 53 % al 64 % en la región, y las emisiones del sector cayeron un 26 %. En 2024, el 33 % de su energía primaria provino de fuentes renovables no convencionales, frente a solo el 14,4 % del promedio global, y ese año el 69 % de su electricidad fue renovable, el doble del promedio mundial (30 %).

El rol de las energías renovables 

Latinoamérica es una de las regiones menos contaminantes del mundo, siendo responsable de solo el 4,4 % de las emisiones globales de CO2. Esto se explica porque la energía hidroeléctrica es la principal fuente de generación de electricidad en la mayoría de los países, representando el 45 % de la demanda eléctrica total de la región, muy superior a la media mundial que se encuentra en torno al 16 %.

Por su parte, las energías eólica y la solar fotovoltaica representan una parte cada vez más importante de la generación en Latinoamérica. Según la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA), 2024 dio un salto respecto al año anterior. Brasil lideró con 86,1 GW combinados, compuestos por 53,1 GW de energía solar y 33 GW de eólica, una diferencia del 40 % y 13,2 %, respectivamente, frente a 2023. México alcanzó 19,3 GW totales, con 12 GW solares (+9,9 %) y 7,3 GW eólicos, sin variaciones frente al año anterior. Chile sumó 14,2 GW (9,3 GW solares y 4,8 GW eólicos), con aumentos del 24,6 % y 4 %, respectivamente. 

Colombia, además, alcanzó 1,9 GW de capacidad renovable, impulsada principalmente por el crecimiento del 94,4 % en energía solar (1,4 GW), mientras que la capacidad eólica se mantuvo en 34 MW. Perú totalizó cerca de 1,7 GW, distribuidos en 528 MW solares y 1,15 GW eólicos. 

Estos datos reflejan un ritmo sostenido de expansión en energías limpias, con la solar liderando el crecimiento en la mayoría de los países de la región. Esta diversificación energética contribuye a la seguridad de las economías de los países.

La alta dependencia de la energía hidroeléctrica puede generar que ciertas contingencias cada vez más frecuentes por la crisis climática, como fluctuaciones de las precipitaciones que muchas veces desencadenan en sequías, afecten el nivel de los embalses y, por ende, la generación de energía en general. Por ejemplo, en 2021 Brasil sufrió la sequía más importante de sus últimos 100 años, teniendo serios problemas no solo en su suministro eléctrico sino también para abastecer al sector agropecuario e inclusive a sus habitantes. Se estimaron pérdidas en torno a los 8.200 millones de reales (unos 1.464 millones de dólares de ese momento). Otro caso es el de Colombia. En 2024, El Niño desató una sequía que provocó aumentos de la energía, hasta cuatro veces más altos que en 2023, que perjudicó su economía.

Las empresas como motor de la economía

Otro aspecto importante de la diversificación energética es la competitividad que la energía eólica y solar fotovoltaica le otorgan a las empresas. 

Según un reporte de Wood Mackenzie publicado en octubre pasado, el costo nivelado de energía (LCOE) de las renovables en Latinoamérica disminuyó un 8 %, con Brasil, Chile y México como motores de esta baja. En promedio, la energía solar fotovoltaica se ubicó en USD 60/MWh (con un rango de USD 31/MWh a USD 103/MWh), y la eólica en USD 75/MWh (con un rango de USD 23/MWh a USD 139/MWh), consolidando precios estables y competitivos a nivel global. Este escenario aceleró los contratos de compraventa a largo plazo (PPA), que alcanzaron un récord de 68 GW en 2024, un crecimiento del 33 % anual desde 2015.

Atlas Renewable Energy ha capitalizado este contexto para posicionarse como uno de los principales proveedores corporativos de energía renovable en la región. Desde 2017 ha firmado más de 6 GW en PPA con clientes industriales de alto consumo en Brasil, Chile, México, Colombia y Uruguay. Sus soluciones combinan contratos a medida, financiamiento y certificaciones I-REC de trazabilidad, generando impactos tanto ambientales como económicos.

Sobre esta base, la empresa ha avanzado a través de un portafolio de proyectos emblemáticos en toda América Latina que demuestran la escalabilidad y la diversidad de las soluciones renovables. En Chile, desarrolló uno de los primeros parques solares de gran escala de la región con almacenamiento en baterías integrado, diseñado para suministrar energía renovable las 24 horas del día, los 7 días de la semana, un hito que garantiza un suministro continuo de energía limpia.

En Brasil, está detrás de uno de los complejos solares más grandes de América Latina, con una capacidad de 902 MW y una generación anual de 2 TWh de electricidad. Este proyecto destaca no solo por su magnitud, sino también por establecer nuevos estándares en el suministro de energía limpia a largo plazo.

En México, el parque solar La Pimienta (315 MW) se ubica entre los más grandes del país y fue financiado con el apoyo de instituciones internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Banobras. Como complemento, el proyecto Guajiro (129,5 MW) genera más de 300 GWh al año, evitando aproximadamente 215.000 toneladas de emisiones de CO₂ anuales. En Colombia, Atlas está construyendo Shangri-La (201 MW), que entrará en operación en 2025 y suministrará energía a más de 214.000 hogares. La compañía también ha establecido una alianza estratégica para desarrollar hasta 1.000 MW adicionales de capacidad solar, fortaleciendo así el ecosistema renovable del país.

Estos desarrollos permiten a las empresas compradoras estabilizar sus costos energéticos y ganar competitividad. Un caso concreto es el de MLP en México, que logró reducir un 50 % sus costos mediante un contrato con Atlas. A su vez, los proyectos generan valor compartido: empleos locales, capacitación técnica en energías limpias, certificaciones de origen y acceso a financiamiento climático con instituciones como BID Invest, MUFG y SMBC.

Atlas Renewable Energy demuestra que los PPA no solo son herramientas financieras, sino vectores de transformación industrial y climática. En la antesala de la COP30, su recorrido es una muestra concreta de cómo el sector privado puede liderar el cambio hacia una matriz energética más limpia, resiliente y competitiva en Latinoamérica, ya que su producción de energía limpia evita anualmente unos 716.013 toneladas de CO₂, equivalentes al retiro de cientos de miles de autos, y abastece más de 1,4 millones de hogares.

Otras ventajas de las energías renovables para la región

Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los empleos en energías renovables crecieron un 18 % en 2023, con 16,2 millones en todo el mundo. Latinoamérica concentra parte de esa expansión: Brasil, por ejemplo, alcanzó los 1,56 millones de empleos, posicionándose como el tercer país con más empleo de este tipo en el mundo. 

Se estima que al 2030 el 10,5 % del empleo en la región se generará gracias a la transición energética. Según un reporte de la Cepal, este impacto se explica, entre otras cosas, porque sectores intensivos en emisiones como agricultura y manufactura registrarían una caída del 13,3 % en sus niveles de empleo. Sin embargo, como los sectores sostenibles  ya concentran una mayor proporción de trabajadores —55 % frente al 35 % de los sectores no sostenibles —, la expansión en los primeros compensa con creces las pérdidas en los segundos. Para que este efecto neto positivo se materialice, es clave que se implementen políticas activas de reconversión laboral, programas de capacitación técnica y medidas de protección social que aseguren una transición inclusiva. Así, la transición energética no solo reduce emisiones, sino que también crea empleo formal, impulsa la productividad y aporta resiliencia económica a largo plazo.

Por otra parte, la región se destaca por su potencial estratégico en sectores clave como la minería y la agroindustria.

Según la Asociación Internacional de la Energía (IEA), actualmente la región representa el 8 % de la población mundial y el 7 % de la economía global, pero puede desempeñar un papel fundamental en la nueva economía energética: tiene al menos un tercio de las reservas mundiales de litio, cobre y plata. Los ingresos por la producción de minerales críticos (grafito, bauxita, níquel, zinc, litio, cobre y neodimio) ascendieron a unos USD  100.000 millones en 2022. El agro, por su parte, avanza en biocombustibles y bonos de carbono, integrando la sostenibilidad al modelo productivo.

Ante este panorama, la COP30 se perfila como un punto de inflexión. Por un lado, permitirá a Latinoamérica mostrar liderazgo en transición energética, resiliencia climática y equidad social. Por otro, exigirá compromisos concretos: elevar la ambición de las metas climáticas NDC, ya que al momento solo tres países de la región (Brasil, Uruguay y Ecuador) lo han hecho; destrabar el financiamiento climático (del cual la región solo recibe un 17 % global) y visibilizar propuestas regionales como RELAC, que busca alcanzar 70 % de electricidad renovable en la región para 2030.

Con una matriz energética que ya es mayoritariamente limpia, una industria en transformación, y un ecosistema de actores públicos y privados comprometidos, Latinoamérica no llega a la COP30 como espectadora, sino como protagonista. En efecto, es la región que demuestra que crecimiento económico y sostenibilidad no solo pueden coexistir, sino impulsarse mutuamente.

Energía limpia, menos riesgo y más desarrollo para América Latina

En un momento donde el mundo exige soluciones concretas frente al cambio climático, América Latina ya muestra resultados. La región, responsable de solo el 4,4 % de las emisiones globales, cuenta con una de las matrices energéticas más limpias del planeta y con un potencial estratégico en sectores clave como minería, agroindustria y tecnología. Sin embargo, debe diversificar más su matriz energética, para no ser tan dependiente de la energía hidroeléctrica, lo que conlleva a riesgos económicos y sociales importantes.

Empresas como Atlas Renewable Energy están acelerando este proceso, no solo desarrollando proyectos de generación renovable no convencional, sino también articulando contratos a largo plazo con industrias intensivas, atrayendo inversión, generando empleo calificado y consolidando ecosistemas de valor compartido.

En la antesala de la COP30, América Latina demuestra que las energías renovables no son solo una herramienta ambiental, sino una estrategia económica inteligente. Un camino que ya está en marcha, con impactos reales para empresas, comunidades y el planeta.


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La demanda eléctrica para los centros de datos redefine prioridades de inversión: el acceso a una energía renovable, competitiva y escalable ya no es una ventaja, sino una condición para operar en México.

Actualmente México es el segundo mercado más importante de centros de datos de Latinoamérica, detrás de Brasil, con una capacidad operativa instalada de 350 MW y una cartera de proyectos que podría llevar esa cifra a 704 MW en los próximos años.

El crecimiento del sector se debe al nearshoring digital, las tecnologías emergentes y una mayor demanda de almacenamiento. La  Asociación Mexicana de Data Centers estima que para 2029 los centros de datos representarán el 5,2 % del PIB mexicano (USD 73.536 millones), incluyendo efectos multiplicadores en telecomunicaciones, servicios cloud, empleo especializado y modernización tecnológica. 

De acuerdo con Research and Markets, la inversión en centros de datos en México pasará de USD 1.060 millones en 2024 a USD 2.270 millones en 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 13,53 %​, aunque hay previsiones aún más optimistas. Según un análisis de Mordor Intelligence, el tamaño del mercado de centros de datos en México rondó los 357,8 MW en 2024, generando una inversión de USD 4.590,2 millones, y se espera que alcance los 480,4 MW en 2029 (una CAGR del 6,07 %), creciendo un 7,71 % en inversiones, llegando así a los USD 6.655,9 millones para ese año.

Source: https://www.mordorintelligence.com/es/industry-reports/mexico-data-center-market

Gran parte de esta capacidad se concentra en Querétaro, que hoy representa dos tercios de la infraestructura nacional, con 230 MW de capacidad operativa. Factores como su bajo riesgo sísmico, conectividad de fibra óptica y estabilidad política lo han consolidado como el hub principal del país.

La llegada de Amazon Web Services, que invertirá USD 5.000 millones, se suma a operadores ya establecidos como KIO Networks, Microsoft, Oracle y Google. Además, el gobierno estatal ha destinado USD 300 millones a fortalecer su red eléctrica.

A la par, otros puntos del país también se están desarrollando. Monterrey, por ejemplo, combina infraestructura industrial, cercanía a EE.UU. y talento técnico, atrayendo operadores como Equinix. A esta corriente también se perfilan polos emergentes en Guadalajara y el Bajío, apoyados por eventos especializados como el Summit Data Center 2024

La Asociación Mexicana de Data Centers estima que 18 nuevos proyectos atraerán USD 8.500 millones en inversiones en los próximos 10 años. Sin embargo, este auge tiene un gran desafío: el suministro energético. Los centros de datos son altamente intensivos en consumo energético. De no contar con fuentes confiables, continuas y asequibles, su expansión puede verse comprometida. Aquí, las energías renovables emergen como aliadas estratégicas para sostener este crecimiento.

Centros de datos e intensidad energética: ¿Quién alimentará el crecimiento?

En efecto, los centros de datos enfrentan un dilema que podría definir el futuro digital: mientras su consumo energético crece exponencialmente, la disponibilidad de fuentes limpias y sostenibles aún no alcanza el ritmo requerido. Esta brecha energética se está convirtiendo en el cuello de botella más crítico para la expansión del sector.

En 2024, el consumo global de estas instalaciones alcanzó los 415 TWh, es decir, el 1,5 % de toda la demanda mundial. Pero se espera que esa cifra aumente drásticamente para 2030, superando los 945 TWh (cifra ligeramente superior al consumo eléctrico total actual de Japón), según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA, en inglés)​.

Este incremento, impulsado por la expansión de la inteligencia artificial, la computación en la nube, el almacenamiento de datos en dispositivos conectados y la automatización industrial, está elevando significativamente la demanda energética de estas instalaciones. Esa energía, idealmente, debe provenir de fuentes renovables, no solo para reducir los costos operativos a largo plazo, sino también por su mínimo impacto ambiental en comparación con las fuentes fósiles tradicionales.

La IEA indica que, actualmente, el 27 % de la electricidad consumida por centros de datos proviene de fuentes renovables, particularmente solar y eólica, y se espera que esa proporción alcance el 50 % en 2030.

Este crecimiento va en línea con las tendencias de generación a nivel mundial. En 2024, las renovables alcanzaron el 32 % de la electricidad mundial, superando el récord de 2023 del 30 %. La adición de 585 GW a la capacidad global, impulsada principalmente por energía solar (451,9 GW), llevó la capacidad instalada a 4.448 GW. En el plano local, uno de los principales desafíos para el crecimiento de los centros de datos en México es la limitada disponibilidad de fuentes de energías renovables en la matriz eléctrica nacional. Actualmente, más de dos tercios de la electricidad en el país se generan a partir de combustibles fósiles, con el gas natural representando cerca del 60 %. Esta realidad complica el acceso a energía limpia para empresas tecnológicas con compromisos globales de carbono neutralidad, que buscan alimentar sus operaciones exclusivamente con fuentes renovables.

Fuente: https://lowcarbonpower.org/es/region/M%C3%A9xico

La infraestructura energética aún no está completamente alineada con esa demanda. En consecuencia, muchas compañías deben recurrir a soluciones alternativas —como certificados de energía limpia (CEL) o esquemas de autoabastecimiento— para mantener sus estándares ESG sin comprometer sus operaciones.

No obstante, el escenario comienza a cambiar. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha anunciado una inversión de USD 23.400 millones hacia 2030 para fortalecer las capacidades de generación, transmisión y distribución, con un enfoque relevante en energías renovables. Durante este sexenio, se prevé un aumento de 29.074 MW en capacidad instalada, de los cuales 6.400 MW serán aportados por inversores privados, principalmente en tecnologías limpias.

Este cambio de paradigma energético abre nuevas oportunidades. A medida que la infraestructura renovable crece, también se amplía la posibilidad de ofrecer a la industria —y en particular a los centros de datos— contratos de suministro eléctrico más competitivos, sostenibles y seguros.

Estrategias de suministro inteligente: el rol clave de los PPA limpios

Una de las estrategias más efectivas para asegurar energía limpia, estable y predecible es la firma de contratos de compraventa de energía renovable (PPA, por sus siglas en inglés). Las empresas tecnológicas que operan centros de datos ya representan más del 30 % de la capacidad renovable contratada a través de PPA corporativos a nivel global. Estas cifras reflejan una clara preferencia por contratos que brinden estabilidad de costos, trazabilidad y confiabilidad en el suministro eléctrico, condiciones que las renovables pueden satisfacer.

Atlas Renewable Energy es uno de los actores que lidera este enfoque en América Latina. Con más de 8,4 GW de activos en operación, ha estructurado acuerdos de este tipo a largo plazo con compañías de distintos rubros, incluyendo centros de datos.

A fines de 2024, Atlas anunció la construcción de la planta Draco Solar (579 MWp) en Brasil para abastecer a V.tal y otras industrias. En 2025, firmó un acuerdo con ODATA para suministrar energía 100 % renovable a sus centros de datos en Chile, respaldada por certificación I-REC.

Además, Atlas Renewable Energy ha puesto en marcha recientemente su proyecto BESS del Desierto —el sistema de baterías stand-alone más grande de Latinoamérica— que combina una planta solar con 200 MW de potencia y 800 MWh de capacidad de almacenamiento. Esto permite entregar energía limpia y estable por hasta 4 horas continuas, aportando 280 GWh al año.

A raíz de este megaproyecto, la compañía abastecerá a EMOAC (filial de Copec) con energía limpia por un plazo de 15 años, y gran parte de la energía será destinada a abastecer el transporte público eléctrico, permitiendo operar a unos 2.500 buses eléctricos y más de 27 electrolineras; del mismo modo, proveerá con otro PPA a CODELCO, la principal minera estatal chilena, para suministrar 375 GWh anuales de energía limpia a partir de 2026 durante 15 años.

Con soluciones que integran generación renovable, almacenamiento en baterías y contratos a largo plazo, Atlas Renewable Energy muestra cómo los centros de datos pueden impulsar la innovación energética. Desde la adopción de tecnologías de respaldo limpias hasta el uso de inteligencia artificial para optimizar el consumo, estas instalaciones están elevando los estándares de eficiencia y sostenibilidad en América Latina.

Ante el crecimiento exponencial de los centros de datos, la gran pregunta es cómo asegurar un suministro eléctrico que sea competitivo, confiable y bajo en emisiones. Las energías renovables, apalancadas en PPA con almacenamiento, ofrecen la respuesta más alineada con los objetivos globales de descarbonización, eficiencia operativa y cumplimiento ESG. Actores como Atlas están posicionando a la región no solo como receptora de inversión digital, sino como referente en infraestructura energética resiliente y limpia.

Energía como estrategia: los centros de datos ante una nueva frontera

México está consolidando su liderazgo digital, pero su competitividad futura dependerá de algo más que conectividad y capacidad instalada. En un sector donde la continuidad operativa y la eficiencia energética son esenciales, contar con acceso estable a energía limpia, confiable y escalable se convierte en una condición clave del negocio.

La transición energética no es un reto lateral: es el nuevo eje estructural del desarrollo de los centros de datos. Soluciones como los PPA renovables con almacenamiento, que empresas como Atlas Renewable Energy ya implementan en Latinoamérica, muestran que es posible crecer digitalmente sin comprometer objetivos de carbono ni costos operativos.

Invertir hoy en infraestructura energética inteligente es apostar por la resiliencia, la trazabilidad y el posicionamiento futuro de los centros de datos en un mercado cada vez más exigente. Y México tiene todo para lograrlo.


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Seguridad que potencia resultados: La estrategia innovadora de Atlas Renewable Energy en salud y seguridad ocupacional protege a su capital humano, optimiza la eficiencia operacional y establece nuevos estándares de excelencia en la industria solar.

La eficiencia operacional ejerce un impacto directo sobre el desempeño financiero del sector energético. Un caso paradigmático es la experiencia de Atlas Renewable Energy, que ha integrado la salud y seguridad ocupacional como componentes estratégicos de su rendimiento corporativo integral.

Mediante un enfoque sistemático, la compañía logró reducir en 65 % los incidentes registrables y disminuir en 95 % los eventos con ausentismo laboral.

Estos resultados se traducen no solo en continuidad operacional y optimización de recursos, sino también en el mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores, la consolidación de equipos de alto rendimiento y el desarrollo de una cultura organizacional fundamentada en la confianza y el cuidado mutuo.

A escala global, esta industria experimenta una expansión acelerada, generando fuentes de empleo y enfrentando nuevos desafíos que impactan directamente el entorno laboral.

Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la capacidad global de energía solar centralizada se quintuplicó en la última década, incrementándose de 1,2 gigavatios (GW) en 2010 a aproximadamente 6,4 GW en 2020, empleando a 80.000 profesionales en todo el mundo.

En un escenario alineado con el Acuerdo de París, dicha capacidad deberá alcanzar los 196,7 GW para 2030 y los 872,6 GW en 2050, lo que implicaría hasta 767.000 empleos en el sector.

Este crecimiento debe ir acompañado de medidas integrales que garanticen la seguridad y el bienestar de los profesionales que están construyendo la infraestructura energética del futuro —algo que Atlas Renewable Energy ya ha incorporado estratégicamente en sus operaciones.

Con un enfoque constructivo y no punitivo, la corporación ha revolucionado el área de salud y seguridad ocupacional (H&S) y su cultura organizacional, al convertir a sus colaboradores en protagonistas activos de la solución.

“Necesitábamos encontrar una metodología para que los trabajadores comprendieran que la salud y seguridad ocupacional eran esenciales para su bienestar personal, y no únicamente para los objetivos corporativos. En la búsqueda de convertir esto en algo significativo para las personas, adoptamos la andragogía, la programación neurolingüística y la simplicidad, porque trabajamos intensamente en colaboración”, explica Juliana Ribeiro, Global Head of Health, Safety and Security en Atlas Renewable Energy.

Desde la incorporación de Juliana a Atlas Renewable Energy, se ha producido una transformación sustancial en el área de salud y seguridad ocupacional. Con una visión estratégica, identificó rápidamente oportunidades de mejora y lideró la creación de un sistema de gestión sólido. Bajo su liderazgo, la empresa invirtió en la expansión del equipo de especialistas e implementó el innovador software de gestión de incidentes Obrasoft.

Sin embargo, el verdadero elemento transformador fue la concepción del programa Safety School, una iniciativa pionera que redefinió completamente el enfoque de salud y seguridad ocupacional dentro de la organización.

Este programa revolucionario promovió una cultura de prevención y responsabilidad compartida, que posicionó a Atlas como un referente en innovación dentro del sector, y generó un entorno donde los colaboradores se han convertido en agentes activos en la construcción de un ambiente laboral más seguro y productivo.

Safety School: un enfoque simple con resultados extraordinarios

Fundamentado en los principios de la andragogía (educación orientada a adultos), la programación neurolingüística y un enfoque positivo que busca generar conciencia, liderazgo y cultura a partir de las experiencias de los propios trabajadores, el programa Safety School comenzó como un proyecto piloto en México en 2022 y actualmente opera en todos los países donde Atlas Renewable Energy tiene presencia.

“El objetivo inicial era lograr un impacto profundo y generar autonomía en el terreno, considerando que no es factible que los equipos de salud y seguridad ocupacional estén presentes permanentemente en cada uno de los proyectos”, explica Juliana, una de las creadoras del programa.

La iniciativa se sustenta en dos pilares fundamentales: los Safety Walks, donde los trabajadores presentan mejores prácticas a la dirección del proyecto, y los H&S Leaders, quienes reciben capacitación mensual para convertirse en referentes de seguridad dentro de sus equipos.

Este enfoque ha generado resultados contundentes: reducción significativa de incidentes, incremento de la productividad, estandarización en todos los proyectos (como requerimiento contractual) y una cultura de liderazgo que entiende claramente que el cumplimiento no se impone —se construye.

“Cuando ejecutamos el proyecto piloto en 2022, nuestras tasas de incidentes disminuyeron de forma significativa. En diciembre de ese año, logramos una tasa de accidentes con ausentismo igual a cero”, recuerda Juliana.

Entre 2020 y 2024, la disminución en el número de incidentes registrables (aquellos que requieren atención médica, limitan tareas o conllevan fatalidades) fue del 65 %.

Los resultados más destacados, sin embargo, se observaron en los eventos con ausentismo y en la tasa de accidentes graves, con reducciones del 95 % y 99 %, respectivamente.

Estos indicadores, señala Juliana, demuestran que los índices de incidentes en los proyectos de Atlas Renewable Energy están sustancialmente por debajo de los promedios de las industrias de la construcción y generación eléctrica.

“Es un resultado altamente relevante, que refleja el esfuerzo colectivo de todos, no exclusivamente del área de seguridad. Es un trabajo conjunto de Atlas y de las empresas que colaboran con nosotros”, destaca Juliana.

Más allá de la prevención tradicional

Atlas no se limitó a la prevención tradicional. Estableció una estructura de gobernanza con comités en todos los niveles operacionales, comenzó a documentar y replicar mejores prácticas en nuevos proyectos, e involucró incluso a contratistas y comunidades locales. Todo ello con una filosofía clara: en lugar de actuar como fiscalizador, el equipo de salud y seguridad ocupacional se comporta como agente motivador, socio estratégico y facilitador del cambio.

Esta evolución ha sido tan significativa que ahora comienza a compartirse externamente, con participación en premios, conferencias y alianzas con universidades, lo que posiciona a Atlas como un referente en innovación en seguridad industrial.

Esto se traduce directamente en la productividad de los proyectos.

“Todas estas mejores prácticas se convierten en lecciones aprendidas y se transfieren de un proyecto a otro. Cuando un trabajador realiza una actividad de forma más eficiente, la productividad se incrementa”, afirma Juliana.

Juliana también explica que los incidentes, además del potencial daño al trabajador, representan para la empresa la interrupción de una línea de trabajo y la desarticulación del equipo. Es decir, invertir en salud, seguridad y protección también se traduce en productividad.

Nuevas fases en desarrollo

La protección y el compromiso de los trabajadores en el ámbito de salud y seguridad ocupacional son un proceso continuo, y ya se vislumbran nuevas etapas.

La incorporación de inteligencia artificial, una mayor integración desde la fase de diseño y un enfoque cada vez más centrado en las personas son solo algunos ejemplos.

“Atlas busca innovaciones en salud y seguridad ocupacional tanto en el mercado como mediante alianzas con universidades. Creemos que la seguridad debe ser cada vez más asertiva e inteligente, combinando simplicidad, cooperación, coordinación e innovación para lograr procesos más eficaces y ágiles”, concluye Juliana.


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Este artículo fue creado en colaboración con Castleberry Media. En Castleberry Media, estamos dedicados a la sostenibilidad ambiental. Al comprar certificados de carbono para la plantación de árboles, combatimos activamente la deforestación y compensamos nuestras emisiones de CO₂ tres veces más.

La transición energética redefine a las empresas mineras y petroleras, donde se hace urgente la adopción de energías renovables no sólo por una mejora reputacional sino económica.

La transición energética está transformando la minería y el petróleo a nivel global. La demanda de minerales estratégicos y la presión de compromisos ambientales por reducir emisiones han impulsado la adopción de energías renovables en estos sectores.

Países con gran actividad extractiva, como Colombia y Chile, enfrentan el reto de equilibrar su crecimiento económico con prácticas sostenibles. Las compañías líderes ya están avanzando en esta dirección, adoptando tecnologías limpias y contratos PPA para garantizar estabilidad y competitividad. En Colombia ya hay casos de mineras que han avanzado en la contratación de energía limpia; del mismo modo lo está haciendo la petrolera Ecopetrol, que contará con 900 MW de energías renovables en Colombia. En Chile, destaca el caso del Grupo CAP, que firmó un contrato histórico con Atlas Renewable Energy para el suministro de 450 GWh anuales de energía renovable, fortaleciendo su compromiso con una operación más sostenible.

Los beneficios de la transición energética en minería y petróleo

Según el Banco Mundial, la producción de minerales esenciales para la transición energética podría aumentar hasta un 500% para 2050. Algunos ejemplos clave:

  • Litio, cobalto y níquel: esenciales para baterías de almacenamiento y vehículos eléctricos.
  • Cobre: un aerogenerador requiere 4,7 toneladas, mientras que un vehículo eléctrico usa 89 kg (casi 4 veces más que un motor de combustión interna). Un informe de Goldman Sachs estima un crecimiento del 600% en la demanda de cobre para 2030.

En cuanto a la industria petrolera, la EIA si bien ha recortado proyecciones de crecimiento, estima que la demanda mundial de petróleo crecerá a 1,3 millones de barriles por día en 2025.

En el marco del desarrollo de los mercados extractivos, la adopción de prácticas sostenibles y la integración de energías renovables permiten a las empresas posicionarse mejor y ser más competitivas, reduciendo costos operativos, aumentando de manera positiva su reputación y cumpliendo con metas de sostenibilidad.

Reducción de costos operativos

El consumo de energías renovables permite a las empresas disminuir la dependencia de combustibles fósiles y sus fluctuaciones de precio.

Por ejemplo, en Colombia, el fenómeno de El Niño, que ha reducido los niveles de agua en los embalses, reemplazándolos por generación térmica costosa, provocó aumentos en el mercado eléctrico durante el 2024. Por caso, en diciembre el precio promedio de la Bolsa de Energía fue de $759,54/kWh (USD 0.18/kWh), un aumento interanual del 13,47%.

Esta fluctuación de los precios de la energía impacta significativamente en las operaciones de las empresas mineras y petroleras, que son intensivas en consumo energético. El aumento de los costos de energía puede reducir sus márgenes de beneficio y afectar su competitividad en el mercado. Por ejemplo, la volatilidad de los precios energéticos puede influir en la rentabilidad y las decisiones de inversión a largo plazo de estas industrias. 

Las energías renovables presentan una alternativa más estable y económica para las empresas. Según IRENA, los costos nivelados de generación (LCOE) para las energías renovables han caído significativamente en la última década, lo que ha logrado que, en 2023, la energía solar fotovoltaica haya alcanzado un costo global promedio de USD 0.044/kWh, mientras que la eólica terrestre alcanzó USD 0.033/kWh, ambos muy por debajo del costo promedio de la generación con combustibles fósiles a nivel mundial y drásticamente más bajo que los precios de la Bolsa de Energía.

Cumplimiento de metas de sostenibilidad

Empresas mineras y petroleras han adoptado compromisos firmes para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar la eficiencia energética. Anglo American, por ejemplo, se ha propuesto lograr la carbono neutralidad en todas sus operaciones para 2040, con una meta intermedia de reducir en un 30% las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030.

Además, la compañía busca disminuir en un 50% las emisiones de alcance 3 (emisiones indirectas) para 2040, abordando así las emisiones indirectas de su cadena de valor.

En el sector petrolero, durante la COP28 celebrada en diciembre de 2023, más de 50 empresas se comprometieron a alcanzar operaciones neutras en carbono para 2050. Este compromiso incluye poner fin a la quema rutinaria de gas en antorcha para 2030 y reducir casi a cero las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero significativamente más potente que el CO2.

Estas iniciativas reflejan una tendencia global en la que las industrias extractivas buscan alinearse con los objetivos climáticos internacionales, implementando estrategias que promuevan la sostenibilidad y la responsabilidad ambiental.

Reputación y licencia social para operar

Las operaciones que incorporan energías renovables tienen mayor aceptación por parte de las comunidades y los gobiernos locales, facilitando su viabilidad a largo plazo. En Ecuador, el Banco Interamericano de Desarrollo ha promovido proyectos mineros y petroleros que incorporan tecnologías limpias y estrategias de mitigación ambiental para mejorar la percepción del sector.

La minería apuesta por las energías limpias

Chile, como exponente de la minería en Latinoamérica y el principal productor de cobre, con el 24% de la producción de ese mineral en 2023, ha comenzado a implementar cada vez criterios de minería sustentable integrando energías renovables, con empresas implementando contratos de compra de energía (PPA, en inglés) a largo plazo con proveedores de energía solar y eólica.

Un caso destacado es el de Atlas Renewable Energy, que firmó un contrato histórico con Codelco para suministrar 375 GWh al año durante 15 años a partir de 2026. Este acuerdo incluye un proyecto solar con sistema integrado de almacenamiento en baterías. Del mismo modo, la compañía también acordó un PPA por 450 GWh al año con el Grupo CAP, uno de los principales conglomerados mineros siderúrgicos chilenos. Este contrato contempla el desarrollo de un proyecto solar en la región de Atacama con almacenamiento en baterías.

Atlas Renewable Energy consolidó su experiencia en contratos PPA en 2015, cuando firmó un acuerdo con Minera Los Pelambres, una de las mayores minas de cobre en Chile, operada por Antofagasta Minerals. En este contrato, la empresa suministra energía limpia desde su planta solar Javiera, que genera aproximadamente 161 GWh anuales. Este precedente respalda la solidez de los nuevos acuerdos firmados, reafirmando el compromiso con la transición energética en la industria minera.

Colombia es otro de los países mineros más importantes de Latinoamérica, donde representa el 24,31% de las exportaciones nacionales y genera una parte significativa de los ingresos fiscales del país.

A pesar de su importancia económica, la minería tradicionalmente ha sido una industria intensiva en energía y con alto impacto ambiental. La tendencia hacia la sostenibilidad ha llevado a la incorporación de soluciones energéticas limpias, como el uso de paneles solares en operaciones remotas y la implementación de vehículos eléctricos para el transporte de materiales, sin embargo, las empresas cuentan con una importante oportunidad para avanzar en contratos PPA, sobre todo para asegurar precios de energía competitivos.

Las petroleras también se inclinan por las renovables

La transición hacia energías limpias ha ganado impulso en la última década, con una inversión global en energías limpias que ha aumentado un 40% desde 2020, según un reporte de la IEA. Empresas petroleras de renombre mundial están adoptando estrategias para reducir sus emisiones y diversificar sus fuentes de energía.

Empresas globales, como Shell, apuntan a reducir las emisiones netas de sus operaciones. La compañía multinacional indicó que disminuirá a la mitad su producción de gases de efecto invernadero para 2030, en comparación con 2016, objetivo que ya se ha alcanzado en torno al 60%. Para ello esta invirtiendo entre 10.000 y 15.000 millones de dólares entre 2023 y finales de 2025 en soluciones energéticas bajas en carbono.

En el plano latinoamericano, Petrobras, por su parte, anunció en su plan estratégico 2024–2028 que también apuntan a incorporar energías renovables. De su presupuesto de 102.000 millones de dólares, aproximadamente el 11% se enfoca a inversiones destinadas a proyectos de bajo carbono, donde se destaca el consumo de energía eólica y solar fotovoltaica. En Colombia, Ecopetrol, va en la misma línea. En 2021 se comprometió a alcanzar cero emisiones netas de carbono para el 2050, reduciendo sus emisiones en un 25% en 2030, en comparación con el año base de 2019. La empresa planea incorporar 1.000 MW de energía renovable no convencional en 2030.

Conclusión: Estándares, PPA y el papel del sector minero y petrolero en la transición energética

La minería y el petróleo están evolucionando hacia modelos energéticos más sostenibles. La adopción de energías renovables no solo responde a regulaciones ambientales, sino que también garantiza estabilidad operativa, reducción de costos y ventajas competitivas.

Datos clave que respaldan la transición:

  • La industria extractiva está evolucionando hacia un modelo más sostenible.
  • Las energías renovables son ahora más competitivas que los combustibles fósiles en términos de costos.
  • Las principales empresas ya han adoptado contratos PPA y estrategias de sostenibilidad, asegurando estabilidad y reducción de costos en el largo plazo.

Las empresas que actúen antes no solo cumplirán con compromisos de sostenibilidad, sino que también construirán un modelo de negocio más rentable y sostenible.


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