Energía: la variable clave para el crecimiento de los centros de datos en Latinoamérica

Los centros de datos llegan a Latinoamérica en un momento ideal: la región está implementando soluciones energéticas renovables e híbridas que eliminan la intermitencia, integran almacenamiento y tecnologías avanzadas, y crean la capacidad para albergar infraestructura digital de alta complejidad desde el primer día

Latinoamérica está experimentando un incremento sustancial en la inversión en infraestructura digital, impulsado por la proximidad estratégica de la región con Estados Unidos, la rápida adopción de servicios en la nube por parte de las empresas y la implementación de marcos regulatorios de soberanía de datos.

A medida que los nuevos proyectos avanzan de la planificación a la construcción, la energía se ha convertido en el principal factor limitante y diferenciador. La disponibilidad, confiabilidad y costo de la electricidad condicionan en la actualidad prácticamente todas las decisiones de diseño, y el abastecimiento energético ha pasado de ser un proceso de compras a convertirse en una decisión estratégica que determina dónde y cómo se construyen las instalaciones.

Las proyecciones ilustran la magnitud del desafío. Chile anticipa que la demanda eléctrica de los centros de datos alcanzará 1.360 MW para 2032, en comparación con 325 MW este año, mientras que Brasil proyecta un aumento de quince veces la demanda actual, al pasar de aproximadamente 826 MW a más de 13 GW para 2035.

Lo que distingue esta ola de crecimiento es que parte prácticamente de cero. Mientras que los operadores de Norteamérica y Europa modernizan los sitios que tenían arquitectura tecnológica de generaciones anteriores con sistemas de última generación, Latinoamérica ofrece la posibilidad de comenzar desde cero, aplicando las lecciones aprendidas en otros mercados para generar ventaja competitiva desde el primer día.

Pero este crecimiento no se explica solo por la demanda. En Latinoamérica, la verdadera diferencia se está definiendo en cómo se planifican la energía, la ubicación, los contratos y la infraestructura desde el inicio. Entender por qué algunos mercados avanzan más rápido que otros —y cómo la energía limpia, el almacenamiento y el diseño contractual están redefiniendo el desarrollo de centros de datos— es clave para saber quiénes liderarán la próxima fase del crecimiento digital en la región.

Entendiendo los mercados divergentes

La expansión de centros de datos en Latinoamérica se desarrolla a escala regional, pero su ejecución es fundamentalmente nacional. Cada mercado combina distintas fortalezas de infraestructura y realidades regulatorias que determinan no solo dónde puede construirse nueva capacidad, sino también con qué nivel de confiabilidad puede abastecerse de energía.

Brasil se está consolidando como el hub regional de centros de datos, respaldado por el lanzamiento del nuevo régimen fiscal Redata, que ofrece exenciones para importaciones vinculadas a TI y gastos de capital. 

Sin embargo, el sistema energético del país continúa siendo el cuello de botella crítico. La integración a la red enfrenta presión considerable: el operador del sistema en Brasil ha recibido solicitudes por muchos gigavatios de nuevas conexiones de alta carga, muy por encima del ritmo de refuerzo de la transmisión. 

El progreso depende de desarrolladores con experiencia y conocimiento regional para gestionar la congestión en transmisión, la complejidad regulatoria y el entramado normativo multinivel de Brasil; capacidades que en Atlas Renewable Energy hemos aplicado exitosamente en proyectos de gran escala en todo el país.

Chile presenta un entorno contrastante. Su mercado eléctrico liberalizado, junto con un marco regulatorio estable y predecible, consolidó a Santiago como un destino natural para operadores internacionales de servicios en la nube. Ese mismo éxito, sin embargo, ha generado un nivel de saturación que hoy introduce nuevos cuellos de botella.

Las principales restricciones ya no están en el acceso al mercado, sino en factores físicos y operativos: la escasez de suelo disponible cerca de la capital, las fuertes regulaciones sobre el uso de agua para refrigeración y las extensas listas de espera para nuevas conexiones a la red. Frente a este escenario, los operadores están desplazando su foco hacia corredores de transmisión que ofrecen acceso a alta tensión y proximidad a proyectos renovables en el norte del país.

La Ley de Transición Energética refuerza esta evolución al priorizar la expansión de la red y la integración de almacenamiento, facilitando que la energía de baja huella de carbono fluya con mayor confiabilidad hacia los principales centros de demanda en la zona central.

En este contexto, la lección es clara: la estrategia energética debe integrarse a la planificación de emplazamientos desde el inicio. Ubicación, permisos, acceso a la red y resiliencia operativa ya no son variables independientes, sino partes de una misma ecuación de diseño.

El imperativo de la energía limpia 

A nivel global, los centros de datos se están expandiendo a un ritmo superior al de la descarbonización de las redes. Incluso en mercados maduros como Estados Unidos, donde los operadores han firmado contratos significativos de energía renovable, la mayoría de las instalaciones continúan obteniendo una proporción considerable de su electricidad generada con fuentes fósiles.

El obstáculo es la intermitencia: la producción solar y eólica fluctúan, mientras que la naturaleza ininterrumpida de los servicios digitales deja poco margen para la variabilidad. Cualquier interrupción o pérdida de suministro puede generar consecuencias significativas, incluidas pérdida de datos, interrupciones del servicio, pérdidas financieras y daños reputacionales.

En este contexto, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS, por sus siglas en inglés) representan la solución, y Latinoamérica parte de una posición privilegiada. Nuestro proyecto BESS del Desierto —el mayor sistema de baterías independiente de la región— permite almacenar la energía solar excedente generada durante el día y redistribuirla durante las horas de mayor demanda, incrementando la estabilidad del sistema eléctrico, eliminando la variable de la intermitencia y reduciendo el desperdicio de energía por fenómenos como el ‘vertimiento o curtailment’.

La expansión de centros de datos en Latinoamérica aún se encuentra en una fase en la que la generación y el almacenamiento in situ pueden integrarse desde el diseño inicial, en lugar de incorporarse posteriormente como bien lo hacemos con proyectos en construcción como Estepa Solar o Copiapó. Esto crea la oportunidad de asegurar un suministro de energía limpia continuo a través de estas soluciones híbridas que ponen a las tecnologías de almacenamiento como complemento de la generación, algo que todavía es inusual en los mercados más maduros que aún no cuentan con estas soluciones.

Estructurar PPA para la resiliencia 

Asegurar este suministro renovable continuo es tanto una tarea contractual como técnica. La estructura de un contrato de compra de energía (PPA, por sus siglas en inglés) determina si la estrategia energética de un operador funciona en la práctica: si la electricidad limpia se entrega cuando se necesita, a un precio estable y de manera que satisfaga las expectativas de clientes y reguladores.

En Latinoamérica, el diseño contractual se ha convertido en ventaja competitiva. Los contratos de compra de energía (PPA) más efectivos incorporan actualmente almacenamiento, ajustan la entrega al perfil real de carga de un centro de datos y vinculan la estructura de precios a las necesidades operativas de largo plazo, en lugar de relacionarlas con las fluctuaciones de mercado a corto plazo.

En Atlas Renewable Energy hemos desarrollado estos modelos tanto en Brasil como en Chile. Estos detalles convierten la ambición renovable en un desempeño garantizado contractualmente: el tipo de garantías que los clientes corporativos de los centros de datos esperan ver explícitas en los acuerdos.

En Chile, hemos estructurado PPAs que combinan generación solar con almacenamiento, como el acuerdo 24/7 a 15 años por 375 GWh anuales firmado con Codelco, orientado a abastecer operaciones de la industria minera. Si bien este contrato no corresponde al sector de data centers, establece un precedente relevante sobre la viabilidad comercial de esquemas de suministro renovable continuo en el país.

En paralelo, hemos cerrado contratos con ODATA —empresa de Aligned Data Centers— para abastecer sus operaciones en el área de Santiago con energía 100% renovable certificable mediante I-REC y proveniente de fuentes diversificadas. En conjunto, estas experiencias demuestran que es posible diseñar soluciones energéticas adaptadas tanto a cargas industriales como a infraestructura digital crítica, integrando renovables, flexibilidad y contratos de largo plazo en la región.

En Brasil, nuestro portafolio Draco, compuesto por once plantas solares financiadas por el BNDES, fue concebido considerando la infraestructura digital, combinando la generación con el acceso de transmisión al Sistema Interconectado Nacional (SIN). Más de la mitad de los 1.150 GWh de capacidad de la instalación abastecerán los parques actuales y futuros de centros de datos del proveedor de telecomunicaciones y almacenamiento de datos V.tal, con sede en São Paulo.

El mercado abierto de Brasil también permite estructuras de autoproducción, en las que el comprador adquiere una participación accionaria en el activo de generación. En Atlas utilizamos este modelo para ayudar a los clientes a reducir sus costos de electricidad —en algunos casos, hasta en un 40 %— al tiempo que aseguran precios predecibles durante toda la vida útil de la instalación.

A su vez, acuerdos de largo plazo, como nuestro contrato de 20 años con el productor de aluminio Albras, distribuyen los costos de capital sobre una base energética más amplia y pueden ofrecer a los operadores de hiperescala y colocation un modelo de gasto operativo estable. Otra ventaja es la capacidad de escalar el suministro en línea con la demanda. Los grandes campus típicamente entran en operación por fases, y el diseño de nuestro portafolio permite a los operadores incrementar los volúmenes contratados a medida que crece su carga de TI.

Diseñar para la eficiencia 

Una vez que la energía renovable es estable y está disponible cuando se necesita, los operadores pueden concentrarse en lo que ocurre dentro de la instalación.

En Latinoamérica, el diseño de los centros de datos está cada vez más determinado por condiciones locales concretas. La escasez de agua en la zona central de Chile y en ciertas regiones de Brasil está acelerando la adopción de sistemas de refrigeración de circuito cerrado e híbridos, reduciendo la dependencia de las redes municipales.

Al mismo tiempo, la congestión de la transmisión en los grandes centros urbanos limita la redundancia basada en la red. Esto obliga a construir la resiliencia dentro del propio sitio, donde el almacenamiento en baterías, las cargas gestionables y las microrredes dejan de ser complementos para convertirse en elementos indispensables desde el diseño. En este escenario, la eficiencia energética y el monitoreo continuo pasan a ser capacidades operativas críticas en el largo plazo.

Las herramientas para lograrlo ya están implementadas. Las plataformas modernas de gestión de infraestructura de centros de datos y las redes densas de sensores permiten a los operadores visualizar en tiempo real cómo se comportan la temperatura, la energía y la carga en todo el emplazamiento. Los controles automatizados responden más rápidamente que las personas, detectando problemas antes de que comprometan la disponibilidad. Las cargas de cómputo no críticas, como el entrenamiento de modelos de IA, pueden programarse durante los momentos en que la generación renovable es más abundante, reduciendo tanto el costo como la huella de carbono.

Los resultados son tangibles. Las nuevas instalaciones en la región ya están alcanzando índices de efectividad en el uso de la energía (PUE) inferiores a 1,3, frente a un promedio global cercano a 1,5. A lo largo de la vida útil de un centro de datos, esa diferencia se traduce en costos operativos significativamente menores y en una huella energética considerablemente más limpia.

De la planificación a la operación: la infraestructura digital de Latinoamérica

En la expansión de los centros de datos en Latinoamérica, la energía no es una novedad ni un factor accesorio: siempre ha sido un requisito crítico. Lo que ha cambiado es su rol. Hoy, la disponibilidad, confiabilidad y estructura de la energía definen desde el inicio el diseño del proyecto, su viabilidad económica y su capacidad de escalar en el tiempo.

Más que un insumo operativo, la electricidad se ha convertido en una decisión estructural que condiciona dónde se construye, cómo se conecta, qué tan resiliente es la operación y qué tan competitivo puede ser el modelo de largo plazo.

Ejecutar correctamente desde el principio implica construir centros de datos que operen con mayor eficiencia, cuesten menos y cumplan los estándares de sostenibilidad que actualmente exigen los clientes corporativos, precisamente porque esos resultados se incorporaron al diseño desde el inicio.

Lograrlo requiere alianzas de largo plazo con desarrolladores que aporten capacidades integradas: portafolios de generación regional capaces de suministrar energía limpia donde se necesita, soluciones de almacenamiento diseñadas para los perfiles de carga de los centros de datos y estructuras contractuales que protejan a los operadores en lugar de transferirles el riesgo.

Los operadores de centros de datos que integren este enfoque estratégico pueden posicionarse por delante de sus competidores, incluso antes de instalar el primer rack.


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Este artículo fue creado en colaboración con Castleberry Media. En Castleberry Media, estamos dedicados a la sostenibilidad ambiental. Al comprar certificados de carbono para la plantación de árboles, combatimos activamente la deforestación y compensamos nuestras emisiones de CO₂ tres veces más.